Javerianos en Burundi

“El Centro de Jóvenes de Kamenge, dirigido por los misioneros javerianos, es mucho más que un lugar donde pasar ratos de ocio. Durante mucho tiempo fue un oasis de paz y convivencia justo en el medio de uno de los lugares que sufrieron los peores enfrentamientos de una guerra que en apenas diez años se cobró 300.000 vidas.”

[Extraído de elperiodico.com; 10-9-2009]

“Dicen que el corazón de África se llama Burundi, pero no es fácil encontrarlo en el mapa. Entre los 63 estados que componen el amplio mosaico del continente africano, Burundi se encuentra entre los más pequeños. Ha sido catalogado entre los países más pobres de la tierra y tiene uno de los índices de sufrimiento humano más elevado del mundo.” Así comienza un breve dossier sobre Burundi que los misioneros javerianos tienen en su página web (www.javerianos.org).

Esta comunidad religiosa lleva 46 años trabajando, junto a la población de este país africano, en la creación de escuelas, mejora de la sanidad y promoción de la mujer. En la década de los 90, pusieron en marcha la construcción de unas instalaciones deportivas en Kamenge, barrio marginal de Bujumbura, que, como otras ciudades, era testigo de limpiezas étnicas de miembros de las dos etnias mayoritaria del país: hutus i tutzis.

El centro, que fue respetado por las bandas armadas, acogió  a jóvenes de uno y otro lado que acudían en busca de refugio en medio de las refriegas. Hoy este centro organiza un gran número de actividades, a parte de las deportivas, que congregan a jóvenes de diferentes etnias que incluso habían sido de facciones armadas enfrentadas. Según el misionero italiano y director del centro, Claudio Marano: “todos hablan de la paz, pero pocos se dan cuenta de que la paz es vivir juntos (…) A todos los jóvenes les gusta el deporte y eso nos ha servido para que por medio de esta actividad superaran sus prejuicios y empezaran a hacerse amigos”. Hoy sigue siendo un polo de acogida (cada tarde acuden dos mil y tres mil de sus socios) donde se hace real la convivencia entre las diferentes personas que forman la sociedad borundesa.

En un mundo como el de hoy parece difícil sacara a la luz todo aquello que tenemos en común con los demás: con los vecinos de escalera, con los conciudadanos, con lo paisanos, con los países vecinos. Somos increíblemente rápidos fijándonos en lo que nos diferencia del resto, poniendo obstáculos en vez de alisar  el camino hacia el entendimiento. La tarea de los javerianos en Burundi, reconocida con un Right Livelihood Award1, es un esfuerzo por señalar que son más numerosas e importantes importantes las cosas que nos unen y que nos permiten disfrutar y trabajar juntos, que aquellas que nos separan y que a menudo conducen hacia consecuencias devastadoras.

La Carta de la Paz, en su punto V, dice: “Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.”

Ojalá nos resuene más, señalando elementos comunes, que es más sólido y duradero lo que nos acerca que lo que nos viene alejando desde hace tiempo.
Javier García Aranda (Grafista)
España – Barcelona

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