La alegría de existir

No tengo presente ni cuándo ni cómo conocí la Carta de la Paz, pero sí recuerdo que en seguida la firmé, aunque reconozco que me costó mucho entender que no es malo sentir la alegría de existir a pesar de saber que para ello han pasado males, además de bondades. Cuando pienso en la Carta de la Paz, en seguida me viene a la mente el tema de los resentimientos. Cuando era pequeña y hacía poco que había llegado de Argentina, alguna vez había oído la frase “gracias a nosotros existes, porque nosotros descubrimos América”. Los españoles colonizaron parte de América, pero los españoles de entonces, y no todos los españoles de entonces. Si no, yo también debería sentirme responsable, porque mis antepasados son españoles e italianos… Con la Carta de la Paz me di cuenta de cuántas veces rechazamos a personas por el grupo al que pertenecen, las identificamos con su ascendencia o con su cultura, sin darles la oportunidad de manifestarse tal cual son. Yo pienso que para vivir en paz con uno mismo es esencial no sentir resentimientos. Creo que es bueno hablar con las personas que nos hacen daño, porque el diálogo nos puede unir de nuevo. Pero es necesario confiar en que las personas podemos cambiar. También uno mismo. No guardar resentimientos hacia los que nos hacen daño es difícil. ¡Mucho más fácil es hacerlo hacia los que no son responsables porque no existían! Pero ahora que he sido madre, el punto de la Carta de la Paz que me llama más la atención es el punto IX: “Los progenitores son responsables de haber dado la existencia a otros seres. Por tanto, con la colaboración solidaria de la sociedad, tienen que propiciar, hasta la muerte de sus hijos (…), los medios y apoyos suficientes -principalmente dejarles en herencia un mundo más en paz- para que éstos desarrollen su vida con dignidad humana, ya que no han pedido existir.” Dejarles un mundo más en paz. Nunca me lo había planteado como un deber hacia mis hijos. Pero me gusta. De hecho, creo que es bueno el apunte “con la colaboración solidaria de la sociedad”, porque todos somos en parte responsables del mundo que dejamos en herencia a las generaciones venideras. Me siento con un doble deber: hacia mi hija y hacia los hijos de mis amigos, con los que tendré más relación. El punto IX continúa: “Por otra parte, los jóvenes tienen derecho a ser motivados y entusiasmados en la alegría de existir, por el ejemplo de sus padres, familia y la sociedad.” Realmente la alegría de existir creo que es indispensable para vivir la paz y transmitirla, porque la apatía nos inmoviliza y la tristeza nos quita la paz; en cambio, la alegría se contagia fácilmente y nos da las ganas para trabajar por la paz. Pienso que es importante vivir cada día con alegría, no sólo momentos determinados, sino vivir con una actitud alegre. Así es como los niños y jóvenes podrán empaparse de esta forma de vida, aprendiendo de las relaciones que establecen con nosotros. Ojalá sea capaz de transmitir la alegría de existir a mi hija, con la ayuda de su padre y de la sociedad. Julieta Bazán Kenny (Psicopedagoga) España – Barcelona

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