La ética en el trabajo por la paz

BEGOÑA ROMÁN es doctora en filosofía y profesora de esta misma materia en la Universidad de Barcelona. A lo largo de su dilatada carrera profesional ha dirigido la cátedra de ética de la Universidad Ramon Llull, ha trabajado en el Instituto Borja de Bioética y ha publicado numerosos estudios y artículos.

¿Cuál diría que es la relación entre ética y paz? Yo diría que la paz es el objetivo prioritario de cómo mínimo dos disciplinas académicas: la ética y el derecho, lo que pasa es que las maneras de conseguirla son muy diferentes según desde el punto de vista que se mire. Con el derecho se consigue monopolizando la violencia para erradicar la violencia, tal como decía Max Weber, se trata de procurar la ausencia de guerra, la ausencia de conflicto, y si hay uno, saberlo gestionar. Con la ética, en cambio, la paz se consigue con argumentos, participando en un diálogo donde resolver conflictos de manera totalmente pacífica. Por lo tanto, yo diría que la ética y la paz se relacionan en el inicio, no puede haber discusión sobre la manera de resolver conflictos si no hay paz, y es la finalidad, sin paz no hay manera de poder vivir bien, buscar la justicia y la felicidad: la guerra siempre es mala. ¿Son diferentes la paz como objetivo y la paz de partida? Yo creo que sí, que en punto de partida diríamos que la paz tiene que garantizar procedimientos, mientras que la paz a conseguir es ir poniéndose al día y resolviendo los conflictos según el contexto histórico. Y en un momento como el actual, en el que todo va cambiando, ¿qué papel cree que podría jugar la ética para construir la paz? Para empezar, tendríamos que hacer más ética y menos moral, tendríamos que entender que las morales son productos culturales que nos quedan obsoletos y que estamos obligados a regenerar. Pongo un ejemplo, el otro día un periodista realizó un muy buen artículo criticando la prostitución y comentaba que hay gente que sostiene que, debido a que la prostitución es una praxis de toda la vida y es el oficio más antiguo de la humanidad, no hace falta erradicarla, sino despenalizarla. Y él señala que si hubiéramos hecho exactamente lo mismo con la esclavitud o con el trabajo infantil, no habríamos cambiado nada. Si se entiende que esto son costumbres y como tal forman parte de la naturaleza humana, se está siendo cómplice de su eternización en nombre de la naturaleza humana. Por lo tanto, yo creo que la ética y la paz tienen que entender que tenemos que hablar más de reflexión crítico-racional sobre las morales, de replantearnos continuamente nuestras tradiciones, nuestras morales, incluso nuestras convicciones, y que la única manera de replantearnos críticamente estas cuestiones, es en un clima de seguridad, no de crispación, de deliberación y de diálogo. Y el texto de la Carta de la Paz, ¿qué opinión le sugiere? Me parece una iniciativa obvia y evidente, no puedo dejar de estar de acuerdo con la idea que transmite, el problema es que la teoría va por un lado y la praxis por otro. Por tanto, se debe recordar que la teoría es potente y que la praxis que por otro lado no la convierte en impotente, sino que lo que convierte en impotente es la esquizofrenia de discursos que estamos haciendo. A mi me merece mucho respeto y creo que es interesante que continúe defendiéndose porque sino se olvidaría y dejaríamos de trabajar por ello. Es muy importante continuar hablando de la fragilidad de los aspectos que trata la Carta de la Paz y de convencer a las nuevas generaciones que las cosas no tienen un piloto automático que se pone y funcionan, por esto son importantes iniciativas como la  vuestra. ¿Qué aportación o aportaciones haría a la Carta de la Paz en el mundo del pensamiento o la ética? Yo haría aportaciones de llamadas de atención a lo que yo llamo el “buenismo” y llamadas de atención a las auto-complacencias a nivel institucional y personal, porque en nombre de la paz se cometen muchas atrocidades. Entonces yo concretaría los 10 puntos que tenéis en la Carta, haría un esfuerzo muy importante de concretar y de establecer lo que se deriva, actualizando el texto de la Carta de la Paz, desde los principios genéricos, poder concretar nuevas problemáticas. La Carta de la Paz, en uno de los puntos, dice que el ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. ¿Cómo se puede llevar al mismo tiempo, el hecho que exista una ética de referencia y que la persona pueda desarrollar plenamente su libertad? Una vida buena es una vida que tiene garantizados unos mínimos decentes. El proceso emancipador implica pertenecer a una comunidad e ir regenerándola, emancipándose de ella y hacer otra o mejorar la primera, agradeciendo el hecho que nos ha permitido pensar por uno mismo. Cuando se tiene garantizada esta primera vida buena, se puede hacer la opción de vida buena y ejercer la libertad para hacerlo. Una comunidad cerrada, que impidiese discrepar, que impidiese emanciparse, que impidiese pensar en otra forma de vivir, sería éticamente reprochable, por muy pacífica que fuese. Por lo tanto, la paz tiene que ser fruto de la libertad, pero no puede haber libertad sin un clima de seguridad. Otro punto de la Carta de la Paz habla de reconocer y respetar la libertad y los derechos de todos en la sociedad. ¿Nos podría explicar sobre qué se fundamentan los derechos y los deberes? Yo diría que los derechos y los deberes se fundamentan en la dignidad; y la dignidad se fundamenta en la autonomía, en la libertad. El punto de partida es la autonomía, y la autonomía es una estructura de la racionalidad, de la razón. Nosotros podemos defender deberes y derechos sólo porque tenemos razón, en el sentido de capacidad de razonar y de defender con argumentos nuestros intereses. ¿Pero qué son los derechos y qué son los deberes? Son exigencias universales, bienes fundamentales que todos tendríamos que tener garantizados. Bienes prioritarios que son derechos y deberes al mismo tiempo. Muchas veces separamos derechos por un lado y deberes por el otro, como exigencias universales que son los derechos, y las responsabilidades universales que son los deberes, como si fueran en distintas personas, pero esto no siempre es así, a menudo derechos y deberes son inseparables en una misma persona: mi derecho de educarme es para mi el deber de educarme cuando los demás me dan educación. Bajando al ámbito más social, cuando decimos que se tienen que reconocer los derechos y los deberes de las personas, estamos planteando que son muy plurales. ¿Cómo se puede trabajar para que realmente no se pisen los derechos de los demás? Para empezar tenemos que hacer dos tipos de discurso muy complementarios y jerarquizarlos cronológica y filosóficamente en grado de importancia. El primer discurso es sobre los mínimos cívicos de los que nos tenemos que poner de acuerdo y jerarquizamos prioridades una vez concretadas las circunstancias y las limitaciones de los recursos. Primero tengo que garantizar que la gente tiene agua para beber, y una vez garantizado esto, veremos cómo y a qué precio se vende el agua. En la sociedad siempre hay alguien que es vulnerable, que está en condición de inferioridad. La sociedad justa es la que está en condiciones de igualdad, mientras tengamos que hacer solidaridad, no estaremos en condiciones de justicia. La Carta de la Paz defiende que los seres humanos tenemos una relación fundamental que es el hecho que existimos y que ésta sería la base para la solidaridad. ¿Qué piensa de este fundamento existencialista? Yo creo que fue una gran aportación en su momento recuperar el hecho de sentirse vivio y de existir y no sólo el concepto de la vida, sino el hecho de recuperar lo existencial. Porque vivir, cuando esta pregunta esencial no la hacemos, cuando esto desaparece del horizonte y las preguntas son cómo y cuándo, y no qué y porqué, cuando el cambio de preguntas implica importantes cambios de cosas, creo que tenemos un olvido de las cuestiones esenciales que son existenciales. Por esto a mi no me gustaba la lectura de la existencia como una angustia, sino la lectura de la existencia como admiración, como maravillarse del hecho de existir, y este es un sentimiento, y se educa.

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