La historia y la paz

CARLOS MARTÍNEZ SHAW, nacido en Sevilla en 1945, es catedrático de historia moderna en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), director de las revistas “Andalucía en su Historia”, miembro de los comités científicos de otras revistas especializadas y crítico de historia moderna y de literatura asiática.

La Carta de la Paz, en su punto IV, nos recuerda que “es fructuoso conocer la Historia lo más posible”. En esta entrevista con el profesor Martínez-Shaw, repasamos los usos de la Historia, la memoria colectiva y las líneas profesionales de su estudio. Queremos preguntarte sobre uno de los temas cruciales para la construcción de la paz y que, además, has trabajado como historiador: el uso de la historia. ¿Puede llegar a utilizarse la historia como un arma? Sí, la experiencia demuestra que se ha hecho y se sigue haciendo, incluso cotidianamente. La utilización de la historia como un arma ha estado perfectamente definida. Los agravios históricos se remueven, se exteriorizan para decir: “tú en el pasado hiciste esto… tú hiciste lo otro… por lo tanto, sigues haciendo lo mismo y sigues comportándote igual que tus antepasados de hace 300 años que nos causaron aquel mal.” Eso significa la perpetuación del conflicto. Es decir, crear un conflicto – que en su momento fue puntual y que en su momento se terminó- permanente y prolongado eternamente en el tiempo. Lo que quiere decir que la guerra no ha terminado para las personas que siguen utilizando este argumento como si nunca hubiera habido paz. Es un estado permanente de guerra puesto que los motivos que la ocasionaron siguen siempre presentes en el imaginario colectivo y en la utilización ideológica de los mismos. Si los contemporáneos no estábamos, ¿por qué traer las culpas y los odios del pasado al presente? Porque hay un momento en que las guerras desatan unos odios en escalada. Las guerras son artefactos que provocan una permanente multiplicación de odios. Lo que lleva a buscar cualquier tipo de arma que pueda destruir al adversario. Entre esas armas están las ideológicas, que consisten en reprochar actitudes del pasado, imputándoselas a los descendientes de los protagonistas de aquellos acontecimientos. Muchas veces, en vez de reconocer los errores cometidos, se pretende justificar las situaciones actuales buscando culpables en la historia. Uno puede establecer películas sobre su propia historia y tratar de explicar las cosas en términos de ficción en lugar de términos de realidad. Lo que ocurre es que la falta del análisis de la realidad contribuye a enmascarar las cosas y, por lo tanto, a dificultar la solución. Buscar “chivos expiatorios” en la Historia o en los enemigos históricos es una mala estrategia a la hora de explicar tu propia historia y, más aún, a la hora de buscar soluciones para tu propio caso. Si lo que prevalece son opiniones falsas en las cuales predomina el ataque o el odio a un pueblo, a una nación o a un estado por injusticias del pasado, en lugar de plantearte cuáles son las razones y la raíz de tu situación actual, acabas planteando mal el problema y lanzando una cortina de humo sobre tu propia situación. En ese caso, ¿cuál es la misión de un historiador? La misión del historiador es ayudar a plantear las cosas en su momento y en su contexto. A partir de ahí se puede analizar una realidad sobre unas bases sólidas. Si trabajamos con clichés, con acusaciones, con reflejos emotivos en lugar de un análisis racional, entonces vamos muy mal, porque no nos encontramos en la línea de actuar científica y racionalmente sobre los problemas. ¿Conoces alguna iniciativa que esté trabajando en revisar los programas de historia para explicarla de forma más objetiva y sin recrearse en los resentimientos históricos? Hay un proyecto de la UNESCO –que es la institución que lidera la mayor parte de los proyectos- que intenta establecer una historia donde se tienda a considerar que los conflictos son cosas del pasado, que hubo y hay una participación colectiva para el progreso de la humanidad y que cada país ha aportado lo que ha podido. Es un programa muy ambicioso que se llama The history of humanity y que se lleva a cabo en París. Es una historia de la humanidad en diez tomos, de los cuales hasta ahora se han publicado tres y están en marcha los otros siete. Y que trata de escribir una historia de la humanidad donde el europocentrismo dominante se palíe todo lo posible y donde el conocimiento del pasado sirva como una contribución para la paz y para  la convivencia futura de todos los países. Para este  proyecto se ha buscado que colabore gente de todas las nacionalidades para que cada tomo este coordinado, por ejemplo, por un europeo y por un profesor de otro continente, y que entre los subeditores haya gente de diferentes países. La intención es que ese grupo de intelectuales llegue a admitir una historia, no que contente a todos, sino que consideren que es una historia objetiva y que contribuye a conocer las cosas; que contribuye no a ignorar las rivalidades del pasado, pero tampoco a fomentar las presentes basándose en las pasadas, sino a tomarlas como experiencia para evitarlas en el futuro.

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