La memoria ¿un remedio contra el mal?

Todorov, Tzvetan. La Memoria, un remedio contra el mal. Barcelona. Arcadia. 2009.

Tzvetan Todorov, historiador y filósofo búlgaro contemporáneo, señala en este libro que “la memoria del pasado será estéril si nos servimos de ella para levantar un muro infranqueable entre el mal y nosotros”. Y agrega algo muy interesante. “En la vida cotidiana también olvidamos fácilmente el mal que infligimos, mientras que conservamos mucho tiempo en la memoria el que sufrimos”. (p36)

Aquí entonces podríamos preguntarnos: ¿qué podemos hacer nosotros para remediar los males que han ocurrido en el pasado? Poco, por no decir, nada. “Pero podemos, en cambio, actuar sobre los criminales, sobre los del pasado, para que no lo repitan, y también sobre los del futuro”, -dice Todorov. (p37). Y agrega que el reconocimiento público del sufrimiento vivido por antiguas víctimas puede ayudar a calmar el dolor, aunque no pueda revivir a los muertos. (p22- 23).

La Carta de la Paz en su punto VIII dice que “los representantes actuales de las instituciones que han perdurado en la Historia, no son responsables de lo sucedido en el pasado, pues ellos no existían. Sin embargo, para favorecer la paz, esos representantes han de lamentar públicamente, cuando sea prudente, los males e injusticias que se cometieron por parte de esas instituciones a lo largo de la Historia. Así mismo, han de resarcir en lo posible, institucionalmente, los daños ocasionados”.

En otro fragmento del libro Todorov cita, como ejemplo, la situación vivida en Sudáfrica, y cómo la Comisión de la Verdad y la Reconciliación que presidió el obispo anglicano Desmond Tutu, trabajó sobre la memoria colectiva. La idea principal de esa comisión señalaba que los responsables de las violaciones de los derechos humanos en Sudáfrica deberían acudir públicamente a confesar sus delitos, mientras que las víctimas recibirían reparaciones del Estado si se comprobaban sus testimonios. De esta manera se conseguía el establecimiento de la verdad y la apertura a un segundo objetivo: el perdón de unos hacia otros y la reconciliación de la población, donde el Estado, una minoría blanca acepta su culpabilidad en el pasado, y la mayoría negra o de color trata de superar su resentimiento.

¿Esto es fácil? Claro que no. El expuesto en el libro es un ejemplo que aplaudieron muchos países del mundo, pero nadie parece dispuesto a imitar su ejemplo. ¿Estamos nosotros hoy, dispuestos a resarcir a los demás por nuestros errores? ¿De qué manera podemos hacerlo?

Alfredo Fernández. Periodista.
Carta de la Paz dirigida a la ONU.

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