La mujer como constructora de paz

Fatuma Ahmed es profesora e Investigadora de la Cátedra UNESCO Filosofía para la Paz de la Universitat Jaume I, Castellón. Se doctoró en dicha Universidad con una disertación titulada “Mujeres y Guerra: Deconstruir la noción de victima y reconstruir el papel de constructora de la Paz”.  Es además Licenciada en Relaciones Internacionales por la United States International University-Nairobi (Kenia).

¿Cuál es la imagen de la mujer en la sociedad actual?

Mi investigación siempre ha sido sobre la imagen de la mujer, especialmente en situaciones de conflicto, y particularmente en el conflicto africano. Siempre es una imagen de la mujer como víctima; se trata de una construcción social, pues a la mujer se la muestra como vulnerable, y por tanto hay que protegerla. El problema de esta imagen –aunque a veces es verdad- es que genera una visión errónea, pues muchas veces se justifica la guerra para proteger a las mujeres, pero luego se las viola y denigra.

También hay otra visión de la mujer que no se ve pues prevalece la imagen de víctima: esa visión que también existe es el rol de la mujer como constructora de paz. Siempre están ahí trabajando por la paz, no porque sean femeninas o más pacíficas que los hombres –pues las mujeres tienen la misma capacidad de trabajar por la paz-, pero las mujeres, por la socialización que han tenido, trabajan más por la paz. Las mujeres además tienen paciencia, y tienen capacidad de trabajar por la paz. Es un potencial que hay que rescatar.

Esta visión de la mujer, ¿es equivalente en otras culturas?

Esto es universal, en cualquier lugar las mujeres trabajan por la paz, aunque utilizan diferentes maneras según las culturas. Por ejemplo las mujeres africanas trabajan por la paz, pero me molesta que sólo aparezcan las mujeres en África como víctimas, y la otra imagen no sale. Muchas imágenes de inmigración en Europa sólo muestran a hombres, pero también hay mujeres que vienen en las pateras y que son inmigrantes. En los países nórdicos se muestra a las mujeres, ellas son visibles en el espacio público. Pero existen otras culturas que no las reconocen en ese ámbito y sólo se les reserva el ámbito privado. Por ejemplo en algunas culturas del continente africana, las mujeres pertenecen al espacio privado exclusivamente y no se las ve, mientras que el hombre pertenece al espacio público.

Sin embargo en otros países como los nórdicos las mujeres pueden escoger en qué ámbito participar: en el político, el económico, el cultural o el social, incluso algunas han llegado a ser presidentes de países.

Y entonces, ¿por qué las mujeres no son protagonistas en los procesos de construcción de paz, y siempre aparecen los hombres?

Hay ciertas razones por las cuales no aparecen las mujeres: primero por razones políticas, porque es políticamente incorrecto llevar mujeres a esos espacios pues la imagen de la mujer es de debilidad y en cambio la del hombre es de fortaleza y se cree que la política es cosa de hombres. Por eso lo protagonizan ellos; así se cree que ellos entienden más y son los custodios de los intereses nacionales y de su sociedad.

Otra razón es la cultural. Los hombres piensan que las mujeres no pueden participar en estas cuestiones, y si hay alguna mujer en algún proceso puede ser mal visto y hasta ofensivo. Y la última razón es religiosa, pues en cada cultura hay una religión, y hay países en los que las mujeres no pueden tener esos roles. Actualmente hay países que están negociando formar sus nuevos gobiernos: Túnez, Libia, o Egipto. Allí no hay mujeres en esos gobiernos. En Egipto hay una periodista que se quiere presentar de candidata a presidenta, y sin embargo no podrá hacerlo y no llegará, ella estuvo detrás de toda esta información, pero su condición de mujer lo hará muy difícil.

¿Y las mujeres acuerdan con esa mirada?

Muchas veces digo que en mi trabajo hay que luchar además contra la misma persona a la que quieres proteger. Las mujeres también traen esa construcción social del rol que tienen; hay mujeres que creen que son custodia de estos valores y estas costumbres, y si tú traes otras ideas te dicen que estás fuera de esa cultura y de esas tradiciones. En Kenia habrá elecciones generales en el 2012 y hay una candidata mujer, aunque muchos creen que eso no es natural, que ella es como un hombre, que no sabe actuar de manera femenina, que ese no es su lugar, etc. En mi opinión ella tiene personalidad y todo lo que se necesita para ser presidente de un país.

Sin embargo y a pesar de esta situación el último premio Nobel de la Paz fue concedido a 3 mujeres,  2 eran africanas de Liberia. ¿Esto servirá como impulso para potenciar la reinserción de la mujer en tareas de mediación o de promoción de la paz?

Creo que será una cuestión de tiempo. Estas mujeres premiadas son una parte de la gran cantidad de mujeres que hay en estos temas. Pero hasta el 2004 no habíamos pensado en la mujer africana como constructora de paz sino sólo como víctima. La 1º mujer africana que ganó el premio Nobel de la Paz fue Wangari Maathai, de Kenia, y eso también es bueno porque es un reconocimiento a su rol y trabajo. Siempre dije que hay muchas mujeres que merecen no sólo el Nobel de la Paz sino mucho más pues están trabajando como constructoras de paz, aunque es muy difícil, pues si trabajas por la paz también sufres rechazo de tu familia, y hay muchas normas que estás rompiendo. Es importante que este reconocimiento exista, y aceptar que las mujeres no son sólo víctimas pero también constructoras de paz.

En mi investigación realizo una clasificación de tres roles de la mujer: mujer como víctima, mujer como combatiente en las guerras, y mujer como constructora de paz. Quiero reconstruir la imagen de la mujer como víctima y transformarla como constructora de paz, pues así también valoramos este trabajo.

Y, ¿cómo se logra cambiar ese rol de la mujer vista como víctima a verla como constructora de paz?

Hay que cambiar muchas cosas, la mentalidad de la cultura, y especialmente desde los medios de comunicación. Por ejemplo si yo voy caminando por la calle aquí en Barcelona seguramente mucha gente pensará que soy una mujer inmigrante que trabaja en la limpieza; eso es lo que prevalece en la cultura general, y nadie pensará que yo estoy trabajando en una universidad. No es que mi imagen dice eso, sino es lo que los medios de comunicación muestran.

Por otra parte desde el año 2000 hubo varias resoluciones en las Naciones Unidas que impulsaban un rol más activo de la mujer, pero a veces son papeles firmados que cuesta llevar a la práctica. Creo que a veces hay políticas que son de discriminación positiva, es decir que se coloca a mujeres sólo por cuestiones de género. Y esto cambia las ideas, y mientras haya más mujeres en tareas antes ocupadas sólo por hombres servirá como ejemplo para que otras mujeres quieran participar y puedan acceder a esos puestos.

Pero tú has podido estudiar…

He sido muy afortunada por ello.

Y ¿qué ocurre con quienes no han podido hacerlo? ¿Cómo se puede cambiar esta mentalidad en entornos donde la situación económica no lo permite?

La gente tiene que trabajar por esto, no sólo decir “yo tuve la educación y fui muy afortunada” y me lo guardo para mí. Hay que trabajar juntos y atravesar estos procesos de transición, transmitir, apoyando a los que no tienen estudios, y juntos crecer. En mi familia no hay nadie que haya llegado donde yo lo he hecho. Ahora mis sobrinas quieren llegar a mi lugar, quieren estudiar en la universidad. En mi cultura las mujeres no somos para estudiar sino para casarnos y tener bebés. Pero estudiar significa salir de tu casa, tener independencia, y muchas mujeres quieren liberarse de la casa del padre y de la del marido, para poder tener libertad económica. También tiene que ver con la independencia económica, yo puedo hacer esto de estudiar y estar aquí pues tengo una economía que me lo permite y la posibilidad de pensar en esto. Hay que ir haciendo redes de mujeres que puedan trabajar juntas y animar a otras a continuar esta tarea.

¿Qué es para tí trabajar por la paz?

Para mí es una tarea del día a día, esté donde esté. Es primero un trabajo individual pues es difícil cambiar el mundo si primero no cambio yo. La paz no es algo en el aire, es todo lo que hacemos lo que decimos; y si cambiamos primero nosotros luego podremos cambiar nuestro entorno.

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