La mujer en la resolución de conflictos

El punto IX de la Carta de la Paz dirigida a la ONU dice que no se podrá construir globalmente la paz en el seno de la sociedad mientras no sean respetados o reconocidos los derechos y la dignidad de todos sus grupos, incluso los más desfavorecidos.

Me gustaría hacer hincapié en el papel de la mujer en ámbitos como la cultura, la religión, la economía, los derechos humanos, la salud, la masculinidad, la ciencia, la tradición y la democracia, unos valores que se pueden tratar desde la perspectiva femenina en defensa de las mujeres del mundo, pero sobre todo desde su papel en la resolución de conflictos y los procesos de construcción de la paz.

La Resolución 1325 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU en el año 2000 exhortaba al Secretario General y a los Estados miembros a actuar para conseguir una inclusión mayor de las mujeres en los procesos de construcción de la paz y de reconstrucción posconflicto. Desde entonces y hasta hoy se ha avanzado mucho, pero todavía hay un largo camino por recorrer hasta conseguir su aplicación total.

Esta resolución reconoce, como condición esencial para el mantenimiento y la promoción de la paz y la seguridad, la necesidad de que las mujeres accedan y participen en las estructuras de poder y se impliquen en los esfuerzos para la prevención y la resolución de conflictos, dado que la paz está vinculada inextricablemente a la paridad entre hombres y mujeres. Theo-Ben Gurirab, presidente del Consejo de Seguridad en el momento de aprobar la Resolución 1325, lo expresó con las siguientes palabras: “si las mujeres constituyen la mitad de la comunidad, ¿no han de suponer también la mitad de cualquier solución?”.

En Cataluña, particularmente, la “llei 11/1989, de 10 de juliol”, creó el “Institut Català de les Dones” con el objetivo de promover la igualdad de derechos y la no discriminación entre ambos géneros, así como la participación equitativa de la mujer en la vida social, cultural, económica y política. Sin embargo, esta ley no contemplaba la inclusión de la mujer en los procesos de resolución de conflictos que citábamos antes.

No ha sido hasta la entrada de este nuevo siglo en que se ha empezado a hablar de la participación de la mujer en los procesos de análisis, formulación de políticas y negociaciones, cuyas relaciones internacionales tienden a ser androcéntricas, a pesar de la certeza de que la mujer tiene un rol decisivo a la hora de estar predispuesta a abrir el diálogo y mantenerlo.

Son muchas las organizaciones de mujeres que han hecho campaña para la paz ampliamente, sea en los países árabes o en el nuestro. Este ha sido el caso de Nawal Al-Sa’dawi, escritora egípcia que dirige la Unión de Mujeres de Egipto, Fouzia Assouli, secretaria nacional de la Liga democrática por los derechos de la mujer en Marruecos, o Wajeha Al-Huwaidar, activista por los derechos humanos en Arabia Saudí, que han realizado en mayoría un trabajo anónimo difuminado en la red de la sociedad civil.

Ya es hora de que toda esta tarea que durante años no ha sido percibida reciba ahora el reconocimiento y el impulso que se merece, de forma que tomen conciencia no sólo los sectores que la han potenciado, sino toda la sociedad en general.

Hay que remarcar que sólo a partir de la integración y la igualdad de derechos y oportunidades de los más desfavorecidos será posible garantizar la dignidad de todo el mundo y extender la estabilidad que ha de facilitar la construcción de la paz a aquellas zonas geográficas más conflictivas.

 

Isabel Coll (Traductora e intérprete)
España – Gerona

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