La paz entre los sexos

Un problema severo, ahora más visible que hace unas décadas, es la agresión llamada “de género” y la violencia doméstica que parece intensificarse. Sólo en España han muerto 272 mujeres, a manos de sus maridos o parejas, desde 2004 a 2007, y en lo que va de 2008 han sido asesinadas ya 23. En la mayoría de los casos se trata de mujeres que han sufrido maltrato verbal y/o físico a lo largo de meses y hasta años. Estas cifras, por otra parte, no reflejan el problema cotidiano de la agresividad con que mujeres y varones pueden llegar a tratarse mutuamente, sobre todo en el contexto de la vida de pareja. En términos generales las víctimas suelen ser las mujeres, pero se sabe que la violencia verbal y psicológica no es patrimonio de uno solo de los sexos.

En la mayoría de los países, de momento, el asunto se trata únicamente desde el punto de vista legislativo y policial, intentando reforzar los castigos que se aplican a los maltratadores. No se explica por qué aún no parecen emerger preguntas más fundamentales. ¿Qué pasa con tantos varones, incapaces de aceptar un “no” o un “ya no quiero vivir contigo”? ¿Qué sucede con tantas mujeres, que sufren toda suerte de vejaciones por parte de sus parejas, con tal de no estar solas o por incapacidad de vivir de manera autónoma? ¿Cómo está planteada la vida de pareja cuando se pasa de la pasión y la intensa vida sexual, a la agresividad, el desprecio y el maltrato?

Más allá de los dinamismos psicológicos individuales que pueden explicar estos fenómenos, es necesario preguntarse qué aspectos culturales están en la raíz de la problemática arriba señalada. ¿Se trata de una escasa inteligencia emocional, jamás cultivada ni enseñada en casas o escuelas? ¿Es una visión corta y fraccionada del ser humano?

En la línea de la última pregunta, es posible que de manera real, aunque no teórica, mucha gente tenga una visión antropológica muy reducida. Por ejemplo, si uno se entiende a sí mismo como poco más que un conjunto de deseos y pasiones que deben ser satisfechas, y por lo tanto los demás vienen a ser la forma de satisfacerlos, sea imposible soportar la frustración de una negativa por parte de alguien.

La Carta de la Paz señala en su punto 7 que “el hombre es un ser libre, inteligente y capaz de amar”. Por ello todo lo que recorte o cercene una de estas capacidades, genera agresividad y violencia. Las personas, varones y mujeres, habrían de entenderse y aceptarse en su integridad. Libres: pues el amor no puede imponerse, ha de nacer de la libertad de la persona. Inteligentes: que pueden resolver sus conflictos dialogando juntos y aplicando sus capacidades para ello. Capaces de amar: si hay las dos primeras condiciones, el amor surge más sano y más robusto, de manera que puede sobrellevar las adversidades, momentos de frialdad o crisis que son propias de toda vida de pareja.

Es importante que en el análisis de la violencia doméstica no se ignoren los componentes culturales, que en el caso de la relación entre los sexos parece sufrir un déficit de reflexión y globalidad en las sociedades occidentales. El aprendizaje para la amistad duradera y para la vida de pareja no puede abandonarse a las revistas de divulgación, ni estar ausente totalmente de la educación familiar y formal. De otra manera los resultados están a la vista.

Íñigo Damiani (Educador y mediador cultural)

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