La Paz, semana de reflexión en Colombia

Con una eucaristía en la Catedral Primada de Bogotá, comenzó el domingo siete de septiembre la Semana por la Paz 2008. Este evento tiene como lema “Hacia la paz: Vida digna, desarrollo y libertad” y se llevará a cabo hasta el 14 de septiembre en todo el país, animado por el Secretariado Nacional de Pastoral Social (SNPS/Cáritas Colombiana).

La eucaristía en la Catedral Primada de Bogotá, tuvo lugar al mediodía y fue presidida por el Director del SNPS/Cáritas Colombiana, Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria.

En el acto litúrgico, Mons. Henao Gaviria invitó al Presidente Álvaro Uribe Vélez y a la Corte Suprema de Justicia poner fin a los enfrentamientos verbales entre ambos poderes, al tiempo que planteó la posibilidad de que la Iglesia Católica participe como especie de mediador o facilitador para poner fin a las polémicas entre ambas partes.

En el 2008 se celebra la versión número 15 de la Semana por la Paz, convocatoria que es una propuesta de educación y movilización de la sociedad colombiana para que los ciudadanos, de manera responsable, aporten con sus vidas y acciones a la construcción de la paz.
[Extraído de ; 7-9-2008]

“que hermoso ver personas, organizaciones de diferente índole todas ellas,
luchando por la paz, construyendo paz,…diciendo una y otra vez la paz es posible”.

Mons. Jaime Prieto Amaya
Obispo de Barrancabermeja
Presidente Comisión Episcopal de Pastoral Social

Siempre es grato constatar ‘en vivo y en directo’, todos los esfuerzos que desde distintos ámbitos se hacen para alcanzar la paz allí donde por múltiples factores, la realidad está permeada por enemistades, conflictos, violencias diversas y estructurales que la socavan, lo que hace que el encuentro en nuestras ciudades pluralistas, el diálogo, la amistad, la confianza y la búsqueda de consensos y acuerdos para la construcción de proyectos sociales se vean obstaculizados, como es el caso colombiano, por todos conocido.

Sin  embargo, es esperanzador el panorama cuando se ve el compromiso de un gran número de hombres y mujeres de base, insertos a lo largo y ancho del país (rostros y nombres concretos que ríen y lloran, creen, actúan y esperan) y el acompañamiento institucional a las comunidades por parte de la iglesia, algunos entes del estado, organismos internacionales, ong’s, sumergidos en el conocimiento de la realidad cotidiana, de los problemas que afectan el desarrollo de las comunidades… El concepto general es que es indispensable la creación de redes de apoyo entre estas instituciones civiles, eclesiales, no gubernamentales y gubernamentales, para ver la luz al final del túnel. Y así lo están haciendo: creando lugares de encuentro, de aprendizaje y del ejercicio de la esperanza.

En el marco de la celebración del Centenario de la Conferencia Episcopal Colombiana (CEC), celebrado en septiembre pasado, la atención de la sociedad civil dirigió su mirada a diferentes eventos como el IV Congreso Nacional de Reconciliación (se presentaron en ella, 37 experiencias de desarrollo y paz), Expo Católica, Semana por la Paz, entre otros, que guían la reflexión sobre paz, vida digna, desarrollo, libertad… Queda planteado el interrogante: ¿Cuál es el tipo de desarrollo que necesita Colombia?

Crear debates o foros abiertos en los que los diferentes representantes de organizaciones sociales, religiosas, gubernamentales, agentes educativos, decisores de planeación nacional, converjan para percibir, reconocer, afianzar o enrutar aquello que se ha hecho y/o se está haciendo desde experiencias de desarrollo centradas en la dignidad humana, a mediano o largo alcance, con sus dificultades y logros, abre espacios para el análisis y el avance de la realidad colombiana desde la perspectiva de la justicia, el diálogo, los valores y la ética, saludables para el ejercicio ciudadano y la construcción de un país más viable, equitativo y propiciador de paz.

La Carta de la Paz en sus numerales III y IV nos dice: que es fructuoso conocer la historia lo más posible para poder actuar sobre ella y también, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos? Es esto mismo, lo que se pretende: armonización, diálogo y unidad, esfuerzos no dispersos sino mancomunados porque el futuro depende de todos. Es desde el humanismo integral y solidario que la humanidad podrá caminar hacia la paz estable y auténtica.
Gloria Inés Rodríguez (Maestra)
Colombia – Bogotá

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