La paz: una consecuencia de valores

La paz no ha de ser una pausa, sino una paz orgánica, una situación de equilibrio natural lograda mediante la justicia, la colaboración de las naciones y el respeto recíproco que ellas se profesen. Entendemos la paz como una consecuencia de valores de alta jerarquía, como resultado de la buena voluntad de los pueblos y los gobiernos, que reemplace las ambiciones hegemónicas por la solidaridad auténtica, la arbitrariedad por la equidad y la fuerza por el derecho. La paz que se apoya en el terror es sólo un simulacro de sí misma. No creemos en una paz armada, sino en una concordia que nazca de la alegría del trabajo, de la participación de todos los países en las grandes causas de la humanidad y de la fe que todos pongamos en nuestra capacidad de convivencia. Por eso no debemos aspirar a una “coexistencia pacífica”, término este rodeado de matices de egoísmo, ajeno a toda comunión de intereses, sino a una verdadera “convivencia armónica” entre los gobiernos y entre los hombres. La Carta de la Paz será una contribución a esta meta. Alejandro Sobrazo (Doctor en derecho) Méjico – Hermosillo

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