La reconstrucción de Haití

De lo utópico realista a lo real desesperante

Introducción

En febrero de 1986, al derrocar  la larga dictadura de los Duvalier (padre e hijo),  el pueblo haitiano proclamó por segunda vez su independencia. La alegría y la esperanza en un Haití mejor resplandecían sobre todas las frentes; todos los sectores de la sociedad, salvo la oligarquía burguesa, participaban de un modo u otro a esta “reconstrucción” del país. Este movimiento culminó con la llegada de Jean Bertrand Aristide al poder, sacerdote católico, de oriundez popular, que fue considerado por los pobres como “su” mesías. Todo se acabó en un gran desencanto con el exilio de Aristide en febrero 2004.

Un cuarto de siglo más tarde, el mismo escenario se repite – aunque por causas diferentes –, como si se tratara de una constante en la historia haitiana. En efecto, el terremoto del 12 de enero del año pasado, pese a que destruyó Puerto Príncipe y entristeció a los sobrevivientes, fue paradójicamente una señal de esperanza, porque se pensaba que de esta tragedia iba a emerger un Haití mejor. Y una señal de ello fue la gran solidaridad de la comunidad internacional para con Haití, solidaridad jamás vista en la historia del país.

Sin embargo, a un año del 12 de enero, todo lleva a augurar un desenlace parecido al escenario de febrero de 1986. Ahora bien, ¿cuáles son los factores que explican esta constante en la historia de Haití? ¿Qué se puede hacer para romper este círculo vicioso para que la catástrofe que se prevé de la reconstrucción no se produzca? En breve, ¿cómo devolverle al pueblo haitiano su esperanza, o sea pasar de lo “real desesperante” a lo “utópico realista” llamado a hacerse realidad?

Esta pequeña reflexión constará de tres partes: una primera parte sobre el terremoto (lo coyuntural), una segunda parte sobre la realidad haitiana más allá del terremoto (lo estructural), y una tercera parte que consistirá en un pequeño análisis de porqué Haití es como es, seguido de algunas propuestas tendentes a revertir la situación.

El terremoto del 12 de Enero de 2010

El terremoto de Haití probablemente resulte ser el más destructivo de los desastres naturales de la era moderna, si se toma en cuenta el tamaño de la población del país y su economía. En términos relativos, resulta inmensamente más destructivo que el Tsunami en Indonesia de 2004 y los ciclones que devastaron a Myanmar en 2008. El seísmo mató a más de 200 mil personas, alrededor de 2% de la población. Afectó a 3 millones individuos (33% de la población). Entre otros daños,  destruyó 57% de las escuelas públicas y 26% de las privadas, y casi la totalidad de las instituciones estatales. Otras crisis, voluntarias o no, se han agregado a la catástrofe volviéndola aún más macabra: el cólera que llevó la vida a más de 4000 personas, la polio recién diagnosticada en el país, la crisis electoral que causó, entre otros daños, el incendio de las instituciones estatales en Les Cayes,  centro de la provincia del sur del país; y el retorno del sangriento dictador Jean Claude Duvalier al país después de 25 anos de exilio en Francia.

Vale la pena enfatizar sobre dos crisis: la electoral y la provocada por el regreso de Jean Claude a Haití. La crisis a raíz de las elecciones del 28 de noviembre pasado muestra conjuntamente la pérdida de la soberanía de Haití y el hundimiento del poder actual provocado por su alto nivel de corrupción y fraude.  En efecto, ni el reclamo de la anulación de las elecciones por la mayor de los candidatos ni el resultado del Consejo Electoral Provisional (CEP) fueron respetados. La comunidad internacional por uno de sus órganos, la OEA, impuso su resultado de las elecciones bajo amenaza con eliminación de los visados de los miembros del gobierno, el no-reconocimiento del próximo gobierno en caso de que la segunda vuelta hubiera sido organizada sin las recomendaciones de la OEA, etc. Por otra parte, hay que subrayar que la revisión de los resultados se llevó a cabo a petición del gobierno haitiano, desvelando así la incompetencia y deficiencia de sus propios órganos.

La segunda crisis la constituye la vuelta de Jean Claude Duvalier (Baby Doc) a Haití. Este acontecimiento se asemeja a una película de ciencia-ficción: ni la comunidad internacional (Francia y EEUU)  ni el gobierno haitiano se enteraban de la llegada inesperada del ex-dictador el 12 de enero pasado, según sus respectivas declaraciones. Para cualquier individuo sensato, estas declaraciones no han sido sino farsas y chantajes. En el marco del mundo global donde todo esta conectado, los dispositivos de la lucha anti-terrorista, es imposible que una persona del calibre de Duvalier entre a Haití como un individuo cualquiera. Tan cierta es mi lectura que, según un cable de Wikileaks, el efectivo de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) fue incrementada para contrarrestar toda voluntad de vuelta de Aristide a Haití.


Situación de Haití antes del terremoto

Resulta muy difícil entender el porqué del inminente fracaso de la reconstrucción de Haití sin tener una visión panorámica de la sociedad haitiana.

La sociedad haitiana es una sociedad de castas sociales, donde la movilidad social o económica es prácticamente inexistente. Su composición es de 2% de burguesía con más de 50% de la riqueza del país, 18% de clase media, y 80% de pobreza de los cuales alrededor de 60% es de indigencia (con menos de 1US$ diario).  Como corolario de esta situación, el capital humano haitiano es muy escaso, ya que 60% de la población es analfabeta; alrededor del 80% de la fuerza laboral es desempleada; y la cobertura vegetal del país es prácticamente inexistente, lo que se debe a la talla de árboles por los pobres para la producción del carbón. Este funeste mapa ha dado como resultado un crecimiento casi nulo de la economía haitiana durante las últimas tres décadas, sea un promedio anual de 0.5% frente a un 6% para la República Dominicana, país con el que Haití comparte la isla de  Hispanola.

Al nivel histórico, Haití ha sido un criadero de crisis políticas. Dos datos relevantes: entre 1843 a 1915 (fecha del inicio de la ocupación americana), de 22 presidentes, uno solo pudo terminar su mandato. Entre 1986 a 2011, después de continuos golpes de Estado, solo Préval pudo terminar sus dos mandatos, pero siempre en medio de crisis, entre ellas la crisis de los primeros ministros en este último quinquenio durante el cual tuvo tres primeros ministros en tres años.

Reflexión en torno a la reconstrucción

Con los datos sobre el terremoto y los respecto a la situación general de Haití, osamos hacer un pequeño análisis del porqué del inminente fracaso de la reconstrucción del país, o –  para ser más optimista pero menos realista – del porqué de una reconstrucción que va tan lenta que resulta ser imperceptible. También nos proponemos, como bien dijimos desde el principio, brindar algunos elementos para revertir la situación.

Después del terremoto, la comunidad internacional  ha sido muy solidaria con Haití. Afluyeron de todas partes ayudas con destino al país. Pululan las ONGs, y la comunidad internacional (los países donantes) en su reunión en Nueva York prometieron alrededor de 10 mil millones de dólares para la reconstrucción. Hoy en día, pasó la fiesta. Terminó la burbuja y  los ánimos para  poner Haití sobre la ruta del desarrollo parecen desaparecer. Del dinero prometido por la comunidad internacional, el país no ha recibido ni el 20%. Más aún, según un estudio reciente, de cada 10 dólares gastados por las ONGs en Haití, menos de un dólar va directamente en beneficio de  la nación; el resto pasa en salarios y gastos internos de las instituciones receptoras del dinero.

El ex-representante de la OEA, Ricardo Seintenfus, recién cancelado a causa de una entrevista dada al periódico suizo “Le Temps”, arguye contundentemente el fracaso de la comunidad internacional en Haití. Según  la entrevista de Seitenfus titulada “Haïti est la preuve de l’échec de l’aide internationale (Haití es la prueba del fracaso de la ayuda internacional)”, la comunidad internacional no resuelve nada en Haití sino que empeora la situación, y existe una relación perversa entre la fuerza de las ONGs y la debilidad del Estado Haitiano. El especialista sobre la sociedad haitiana sigue afirmando que el objetivo de la ONU es paralizar el poder del Estado haitiano y transformar a los haitianos en prisioneros de su propia isla, y que la ayuda internacional, por ser estructural (y no coyuntural) genera una deresponsabilización colectiva.

Sobra decir que  el disfuncionamiento y la desinstitucionalización generalizada del Estado Haitiano alimentan el caos que se vive en el país. Después el terremoto, el gobierno  ha sido totalmente irresponsable, adoptando una posición lacónica sin ningún ejercicio de liderazgo. Hasta ahora, no ha habido ninguna construcción en el país. La población está aun bajo las tiendas en condiciones infrahumanas: una respuesta pasajera se ha convertido en algo definitivo matando a algunos y frustrando a otros. A la crisis generada por el seísmo se agregan el cólera, la polio, la crisis electoral, entenebreciendo aún más el cuadro de la realidad haitiana. Cabe subrayar que, salvo algunos escasos episodios, el Estado haitiano ha sido -desde la independencia- una instancia en contra del pueblo en vez de ser una entidad garantizadora de las vidas y bienes.  La consecuencia directa de esta política bisecular ha sido, a excepción de Aristide en 1990,  la desconfianza total del pueblo haitiano en los políticos.

¿Cómo sacar a Haití de esta situación?

No pretendo ser ningún especialista capaz de dar una receta mágica contra el mal que sufre Haití. Como haitiano y por haber vivido la mayor parte de mi vida en esta tierra que es mía y que amo, me atrevo a hacer algunas propuestas que, supongo, no serán nuevas para la mayor parte de los lectores de este ensayo.

1-    El haitiano tiene que tener claro que solo él podrá sacar a Haití de esta situación, y actuar consecuentemente.
2-    Buscar una solución a corto plazo o urgente a la situación infrahumana de los sobrevivientes que malviven bajo las tiendas sufriendo el golpe de las inclemencias climáticas.
3-    Invertir en la educación, enfatizando la educación tecnológica y cívica, mientras que se fortalece la sociedad civil.
4-    Hacer de la agricultura la plataforma del desarrollo a mediano plazo del país.
5-    Garantizar la seguridad en general y la seguridad social en especial como garantía de una paz duradera, condición necesaria para el arranque y desarrollo del turismo, un potencial motor del desarrollo económico de Haití.

Conclusión

En resumidas cuentas, las esperanzas albergadas en un Haití nuevo, reconstruido, o mejor, refundado después del fatídico 12 de enero del año pasado, fueron torpedeadas: la población de Puerto Príncipe aún bajo las tiendas; la comunidad internacional defendiendo sus intereses a expensas del país; el Estado Haitiano irresponsable. Todo en torno a la reconstrucción a raíz del terremoto evidencia el fracaso. El cólera, la polio, la crisis electoral (que muestra la ausencia de liderazgo y el deterioro de la clase política haitiana), la llegada insólita del dictador Jean Claude Duvalier, entre otros,  aportan cada uno su grano de sufrimiento a la miseria de Haití.

Sin embargo, pese a este lúgubre cuadro, el pueblo haitiano tiene aún fuerzas vivas para salir adelante. Basta surgir un líder con voluntad  y a la altura de las circunstancias para que se vuelva realidad la refundación anhelada tanto por los hijos e hijas de esta tierra de Haití, antaño llamada la “perla de las Antillas”.
Joseph Harold Pierre (Economista y Filósofo)
R. Dominicana – Santo Domingo

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