La solidaridad en la construcción de la paz

NÚRIA GISPERT FELIU, nacida en 1936 en Barcelona,  fue nombrada presidenta de Cáritas Española en septiembre de 2003, después de haber desempeñado el cargo de vicepresidenta de la institución desde 2001. En 1998 fue nombrada directora de Cáritas Diocesana de Barcelona, cargo que ha venido compatibilizando con la presidencia de Cáritas Española hasta el año 2004. Gispert es titulada en Magisterio y ha estado vinculada desde su juventud a numerosos movimientos de militancia cristiana. Asimismo, fue concejala del Ayuntamiento de Barcelona entre 1979 y 1995. A lo largo de ese periodo, Gispert desarrolló una intensa actividad pública en el ámbito de los servicios sociales municipales, donde dedicó especial atención al desarrollo de las políticas locales de infancia, vivienda, cultura y movimientos cívicos. En diciembre de 2002 fue galardonada con la Cruz de Sant Jordi, que concede la Generalitat de Cataluña.

El punto V de la Carta de la Paz se afirma que “Los seres humanos, por el solo hecho de existir -habiendo podido no existir-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, ni siquiera podríamos ser hermanos consanguíneos de nadie. Darse cuenta de esta hermandad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad”. En esta entrevista con Núria Gispert repasamos las aportaciones de la solidaridad a la construcción de la paz. ¿De qué manera cree que la solidaridad favorece el proceso de construcción de la paz? Pienso que todas las iniciativas en favor de la paz son importantes, porque estamos en un mundo en el que hay más de cuarenta guerras. Nosotros sólo vemos dos o tres, las más actuales, pero no vemos estas pequeñas guerras que existen en diferentes puntos y en diferentes lugares. Y la paz es lo más importante, el mayor valor que puede haber porque trae la transformación del mundo. Si no hay paz, no se puede transformar lo que nos rodea y no nos gusta. ¿Cómo se vive un tema como la solidaridad en una entidad como la que dirigió usted? Fui presidenta de Cáritas de España y directora de la de Barcelona entre 1998 y 2004. Entonces la ley de extranjería era durísima. Recuerdo que estuve en Tarifa para ver de cerca el tema. Veías a toda aquella gente que iba llegando escondida en los bosques, de noche, sin comida. Aquello era dramático: me gustaría que mucha gente, cuando habla de inmigración, viera aquellas escenas. Muchos voluntarios de Cáritas, de los pueblos nos metíamos de noche en el bosque y los buscábamos, para llevarles comida; además, con abogados del equipo estudiábamos la posibilidad de legalizarlos. Todo el mundo tiene derecho a emigrar y buscar una vida digna para él y para sus allegados. ¿Las políticas de integración actual tienen en cuenta la importancia de la solidaridad de cara a la estabilidad y el progreso de la paz? Cáritas siempre ha sido abierta a todo el mundo. Yo creo que la gente que inmigra, si puede tener papeles, se puede llegar a integrar como la gente que inmigró en los años 29 y los 60. Recuerdo que antes, Montjuic estaba lleno de barracas habitadas por estas olas migratorias. Pienso, sin embargo, que no todo el mundo se integró. Sí en términos económicos, pero en ocio y cultura esta integración fue a medias. Hay todavía pequeños guetos. Para mí lo más integrador que hay es la escuela. Aunque hay otro tipo de problemas, cuando hay escuelas, como por ejemplo en el Raval, donde el ochenta por ciento de los alumnos son inmigrantes. ¿Entonces cómo los integras? El deporte, por ejemplo, sería otro elemento que daría pie a la integración. ¿Qué elemento podríamos utilizar para que la gente entendiera que la solidaridad es necesaria? Recuerdo como vivencia fuerte de solidaridad cuando hubo el tema de Sarajevo y se formó el Distrito 11: funcionarios del ayuntamiento fueron sobre el terreno para ayudar en lo posible. Mi vivencia es que si uno no se abre a los demás, no puede vivir, es imposible. Los demás, todos los demás, nos son necesarios para subsistir. Ser solidarios es asumir que las necesidades de los demás también han sido o son necesidades propias. A veces se ha de hacer el ejercicio de recordar que también hemos sufrido necesidades en algún momento…

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