La sombra del ciprés es alargada

“Ya en la ribera del río se intensificaba la diversión. (Hay algo en el agua y en el fuego que atrae singularmente la atención de los niños). El mero hecho de contemplar cómo el volumen del agua se deslizaba entre las dos orillas ya suponía para nosotros algo tentador y digno de admirarse. “Fany”, a nuestro lado, ladraba al agua, a las ranas que se zambullían estrepitosas en las charcas que la retirada de las aguas había dejado aisladas, a las hojas de los árboles que arrastraba la corriente…”Fany”, en ese instante agradecía el privilegio de vivir. Parecía estar empapada de la dificultad que encierra la aparición de un ser vivo sobre el mundo. No ignoraba que si su padre se hubiera relacionado con otra perra diferente a su madre, ella no estaría ahora allí, ladrando… Conocía al parecer toda la gama de dificultades y azares a que obedece la presencia sobre la tierra de todo ser vivo. En su mismo bisabuelo podría haberse quebrado la cadena cuyo último eslabón era ahora ella y no otro. Tal vez por todo esto exteriorizaba el júbilo de vivir, pregonándolo en sus ladridos agudos y sin fundamento.”
DELIBES, M. (1948) “La sombra del ciprés es alargada”

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