La transversalidad de los valores

Matosinhos – Portugal. Un nuevo PensActo tuvo lugar el pasado 2 de abril en el Centro de Comunhão e Cultura Dom Frei João de São Joseph, como actividad previa a la Presentación Solemne de la Carta de la Paz que se realizó el 14 de mayo último. Participaron Jordi Cussó, Director de la Universitas Albertiana y Jorge Cunha, director de la Facultad de Teología de la Universidad Católica – Oporto, y fue moderado por Ana Paula Coutinho, profesora de la Facultad de Letras de la Universidad de Oporto. Jordi Cussó inició su intervención afirmando que la transversalidad de los valores es una buena herramienta, aunque no la única, para conseguir una convivencia más pacífica. Matizó, sin embargo, que los valores tienen tres componentes: afectivo, de reflexión y conductual, pues forman parte de los sentimientos, tienen que ser razonados y finalmente se tienen que traducir en unas actitudes y en un comportamiento determinado, para no ser simplemente declaraciones de intenciones. Los valores -afirmó Cussó- son algo muy concreto, por lo que no se enseñan sino que se muestran con nuestro testimonio, se aprenden al lado de quien los vive. Por otro lado los valores pasan a ser un bien precisamente cuando se convierten en una realidad. Y si descubrimos que ese bien lo es también para los demás ese valor será de mayor preferencia. En ese sentido hay un bien que abarca a todas las personas que es el hecho de existir, y este bien básico, fundamental nos es dado gratuitamente. Jordi Cussó concluyó su aportación afirmando que los valores están al servicio de las personas para que nuestra vida sea más agradable, sea más pacífica; y no son las personas las que están al servicio de los valores. Posteriormente Jorge Cunha habló desde una perspectiva moral, definiéndola como el arte de autodeterminarse en la vida, de escoger un proyecto, de justificarlo y de responder por éste. Se centró en la noción de valor, pues ésta nos ayuda mejor que otros conceptos a describir la situación moral de una cultura; en este sentido apunta que no hay sociedades con vacío de valores, esto sería como estar en estado de coma, sería una cultura muerta. Lo que hay son jerarquías diferentes de valores. La noción de valor pone en evidencia la subjetividad de cada uno, somos un acontecimiento único,  lo que conlleva pensar la moral a partir de la originalidad de cada uno y no a homogeneizar. Sin perder la universalidad el valor nos lleva a esa incomparabilidad. Durante siglos, prosiguió, se entendió la moral como camino hacia el bien, mientras que la noción de valor nos ayuda a unificar la vida, pues uno de los problemas de nuestra cultura es que tenemos la vida muy compartimentada. Así de los valores materiales podemos pasar a los valores estéticos y de éstos a los éticos, y finalmente a los religiosos, pero nosotros somos la misma persona. Finalmente refirió que la noción de valor posibilita que se piense la moral no como una teoría acabada sino como una narrativa, afirmando que los valores se testimonian porque se cuentan, se narran, se transfigura la vida. Gemma Manau Munsó (Química) Portugal – Matosinhos

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