La vida sigue, pero nada es igual luego de un terremoto de 8.8 grados

¿Cómo contar qué es que se mueva la tierra a tal punto que te impida caminar? Vivimos sobre un ser vivo, es evidente pues vivos están los mares, los ríos, el suelo y el subsuelo, vivos los vegetales y animales, entre los que estamos, vivo el aire y producen vida también los minerales que nos alimentan. La tierra está viva y forma a su vez parte de un sistema de vida inmenso y complejo que nosotros llamamos universo, pero que está compuesto por mucha vida y muy diversa.
Hace casi un mes del terremoto y todavía es tema central de la mayoría de las conversaciones, ¿dónde estabas cuando ocurrió?, ¿te afectó mucho a ti o a alguien cercano?, ¿qué hicieron?, ¿estás durmiendo bien?… Desde entonces se han activado muchas ayudas, voluntariado organizado o improvisado, recolección de fondos o especies y muchas noticias. Hay mucha gente que no tiene casa y no la tendrá por mucho tiempo, por ahora, improvisadas estructuras para protegerse de los primeros fríos y todos esperando con mucha fe que todavía no llueva aunque es tiempo ya. Hay gente que ha perdido todo. Y no sabemos lo que es todo hasta que perdemos todo. En las zonas más afectadas hay personas a quienes la “Ola” les llevó a la familia entera o a los más chicos.

El terremoto, con su intensidad y sus réplicas, todavía está en danza, pero su impacto generará tema y trabajo para años, más de cuatro que es el período que dura un gobierno como el recién asumido coincidentemente en estas telúricas fechas. Todo hay que cambiarlo, los planes de trabajo, los presupuestos, las prioridades a nivel país, sociedad, familia y personal. Los días inmediatos al terremoto se nos notaba la fragilidad, nos mirábamos a los ojos buscando al otro y andábamos con cuidado. Uno de los pensamientos que tuve con frecuencia era: “esta persona también lo vivió, ¿dónde estaría?, ¿qué le habrá pasado?”, e intentaba adivinar en su rostro si estaba en paz, seguramente más personas pensaban lo mismo de otros o de mi misma.

Nada es igual pero la vida sigue. Las grietas nos recuerdan que fuimos “tocados” a los que no fuimos “hundidos” y quizás que hay que dar una mano a otros. Puertas a dentro está el susto. Puertas afuera, en la zona devastada, todo por hacer. Días después del terremoto escuchaba a una persona que había visitado la zona de la catástrofe y decía: “está todo destruido, parece como estar en una película, en una guerra”… ¡qué curioso!, es la realidad misma que nos habla, pero a veces cuesta incorporar en la conciencia su elocuencia: es posible perderlo todo y quedar vivo. Me queda la duda de si algo nos impide incluirnos entre los que podrían haberlo perdido todo.

Las guerras también son reales y también son devastadoras. Hay una diferencia muy notable, en un terremoto, por devastador que sea es la vida la que se manifiesta. Es un daño, tremendo, pero con sentido, aunque cueste encontrarlo; en la guerra el sentido es el mal mismo.

Para que no se nos olvide vivir más livianos, más disponibles, más simples hay un trabajo que tiene que hacer cada uno, no hay recetas para ello.

Elisabet Juanola Soria (Periodista)
Santiago – Chile

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