Las dificultades de clase, otra manera de nacer

Durante el año 2009, los primeros miércoles de cada mes hemos conversado sobre memoria histórica en las Tertulias Junto al Mapocho en Santiago de Chile.Mes a mes, estos conversatorios han sido una excelente manera de comprender que aquello que no está en la memoria significa que no existía y al contrario, lo que si está muchas veces se da por bueno. Así, la memoria tiene poco de ambientalista y mucho de derrochadora y poco precavida con los recursos naturales. Pero la memoria también puede ser clasista y prejuiciosa.
El clasismo es una discriminación por clase, parte de la base que existen clasificaciones sociales y que éstas condicionan, marcan y separan a las personas. Muchas veces tienen un fundamento de una cierta aristocracia o apellido, otras simplemente económico.

La discriminación por clase, como todas las discriminaciones, daña la posibilidad de amistad. En el clasismo, las relaciones parten sujetas a superioridad o inferioridad, incluso entre pares hay una condicionante: “somos de los mismos”. Para la construcción de un tejido social sólido, las relaciones más estables son las que tienen como norte la amistad. La amistad solamente puede darse entre pares. Cuando en las relaciones existe el concepto de que hay algo en la persona que la hace mejor o peor según sea su cuna, estamos hipotecando la amistad con aquella persona, pero además nos hacemos herederos de un plus que es inexistente, pues nadie hereda más dignidad o menos que otros.

A partir de la lectura de la Historia 11 del libro 22 Historias Clínicas de Realismo Existencial  queremos señalar algunos elementos que pudieran reflejar mejor la importancia de sanar estas pretendidas culpas que se traspasan de generación en generación. La historia 11 plantea que las clases sociales son ídolos que algunas sociedades, y más concretamente las personas que las forman, adoran. En el libro de Alfredo Rubio, Pepe y Francisco son dos personajes antagónicos. Pepe es obrero y Francisco es hijo de un rico empresario. Ellos se enfrentan mutuamente porque los enfrenta la postura prelógica e irracional de odiarse por lo que han aprendido desde la cuna: no deben ser amigos si son de clases sociales distintas. Esta historio de Realismo Existencial muestra el camino para que las personas se hagan amigas, pero el camino lo deben recorrer los protagonistas y la historia está inacabada. Ser amigos, tal como nos invita la Carta de la Paz, es una elección.

Para que existan grupos, deben existir vínculos entre las personas que los constituyen. En el mismo texto de Rubio, pero en la historia 20, que aborda la cuestión de los grupos sociales intermedios, el autor señala que para que las personas cambien la sociedad también tiene que ayudar y colaborar a este cambio (también se refiere a ello la Carta de la Paz al señalar la importancia de entusiasmar a los jóvenes, dice debe ser “con la colaboración solidaria de la sociedad”).

El punto I de la Carta de la Paz señala justamente que «Los contemporáneos no tenemos culpa de los males ocurridos en la Historia por la sencilla razón de que no existíamos» ; el tema de las diferencias de clase, también se refleja en este primer punto. Podríamos decir, parafraseándolo que “los contemporáneos no tenemos méritos sociales heredados de nuestros antepasados, por la sencilla razón de que no existíamos, nosotros no hicimos nada para merecerlos”. Ciertamente tenemos la herencia de nacer en una familia con más o menos recursos, ir a escuelas más libre pensantes o más condicionadas, aprender desde muy jóvenes el diálogo o la manipulación. Pero, efectivamente,  en ello está la posibilidad de plantear una sociedad menos condicionada para las generaciones presentes.

Sobre esta situación la periodista chilena radicada en Estados Unidos, Elizabeth Subercaseaux, ha escrito recientemente la novela «Vendo casa en el barrio alto», que según la propia autora, “pretende ser una especie de radiografía de la sociedad chilena desde la perspectiva de una persona que reside en Estados Unidos” ; pero que se puede aplicar al clasismo en general: “Es una critica al sistema de clases chileno, al clasismo en general, y el clasismo sea de arriba para abajo o de abajo para arriba, funciona para ambos lados y produce toda una sociedad de resentimiento”.

Uno de los trabajos para construir la paz en el presente es construir relaciones a partir de lo que nos une, de la humanidad que nos convoca.

Elisabet Juanola Soria (Periodista)
Santiago – Chile

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