Las nuevas estructuras colectivas

La organización de las sociedades y de las personas, siempre ha comportado un diálogo complejo debido a la diversidad y pluralidad de las realidades que conforman un grupo. Si bien es cierto que desde los estamentos oficiales siempre se intenta responder a esta pluralidad, a menudo nos encontramos con estructuras que se quedan atrás respecto a las demandas de los ciudadanos. Es decir, podemos estar ante estructuras que en su momento surgieron del desarrollo y la reflexión, y que en su momento eran las óptimas, pero que por causa de la evolución y la velocidad con que ésta se lleva a cabo, han quedado –las estructuras– anacrónicas y no son capaces de responder a las necesidades de las personas que las conforman.

Cuando esto sucede, la organización de las sociedades se complica, ya que surge un desfase entre lo que piden las personas y los mecanismos con que cuenta la sociedad para dar respuesta a sus demandas. La dificultad estriba en cómo definir estructuras que sean válidas para dar respuesta a las nuevas necesidades planteadas.

Pretender que la organización colectiva sea capaz de dar respuesta a las inquietudes individuales de sus miembros sería ingenuo y poco realista. A menudo nos movemos entre el bien común y el bien individual de cada uno de los miembros que conforman el conjunto, y éste es un equilibrio difícil de mantener.

Es interesante pensar en algunos de los elementos que pueden ayudarnos a mantener el equilibrio, o intentar dilucidar el mayor número de parámetros que velen para mantenerlo. Para este fin, se deberán definir previamente aquellos elementos que, siendo individuales puedan, a su vez, ser buenos y justos para la colectividad, ya que entonces la implantación de determinadas estructuras será más fácil y mejor aceptada por el conjunto. En este artículo querríamos destacar los tres aspectos que nos han parecido más substanciales:

1.- Uno de los puntos que a menudo se utiliza para hablar del individuo y la  colectividad es la libertad. Encontramos siempre una reivindicación de la libertad, tanto por parte del individuo como por parte de la colectividad. Seguramente es uno de los valores más reivindicados. Del concepto de libertad se deriva la responsabilidad del ser humano, ya que la persona puede ser libre porque su entorno también lo es. Nuestra libertad es la historia de muchas libertades que han hecho posible la mía y la de los demás. De ahí que tan importante es mi libertad como la de las personas de mi entorno. La libertad sólo es posible si soy capaz de vivir la libertad de los que me rodean. Existen sobrados ejemplos históricos donde se han desarrollado las libertades individuales y no las colectivas y han degenerado en regímenes totalitarios y con poca flexibilidad para la pluralidad del colectivo.

Llegados a este punto, es necesario también saber mantener el equilibrio entre los conceptos de responsabilidad y corresponsabilidad, a la par que conciencia personal y social. En cuanto seamos capaces de vivir en libertad nuestra libertad en el grupo, más capaces seremos de vivir y desarrollar con libertad aquello que es mejor para el grupo. Es decir, vivir una libertad orientada a responder con compromiso y dedicación a la construcción del bien común.

Sin embargo, es difícil suponer que la suma de las diferentes libertades puede convertirse en una libertad única para la colectividad. Ésta sólo podrá regirse por lo que es común a los miembros que la conforman, y será la búsqueda del bien común lo que le permitirá definirse y crecer como colectividad. Sin esta premisa previa, la colectividad no tendrá sentido por ella misma.

2.- Un segundo aspecto a tener en cuenta es la pluralidad de las disciplinas y de las culturas que toman parte en la colectividad, porque cuando una de estas disciplinas, ya sea la economía, la ciencia, etc., toma un papel preponderante o, mejor dicho, único en la organización del grupo, se corre el riesgo de terminar en dictadura.

Se impone el reto de crear colectividades interculturales e interdisciplinarias, ya que la riqueza en la diversidad de enfoques posibilita un equilibrio para el desarrollo de la mayoría. El antropólogo Claude Levi-Strauss parte de la cultura común en todas las sociedades –hecho que representa un principio de igualdad–, para mostrarnos las diferencias culturales particulares como un tesoro: «La riqueza de la humanidad radica en su diversidad». Así pues, la suma de diferentes colectividades interdisciplinarias posibilitará un mayor equilibrio entre ellas, a la vez que les posibilitará enriquecerse mutuamente.

Estos aspectos referidos anteriormente comportan algo imprescindible e ineludible para el individuo, que es la toma de conciencia de pertenecer a un grupo. En la medida que el hombre es capaz de asumir esta conciencia, será capaz de comprometerse con la realidad que le toca vivir y, por tanto, aportar ideas y trabajar en un proyecto común con el resto del grupo. El ser humano debe implicarse en proyectos que mejoren la colectividad. Esto pasa por ser capaz de trabajar con nuestros contemporáneos, con objetivos y proyectos comunes; y brotará la amistad que surge de compartir una serie de valores. La suma de los diferentes proyectos es lo que posibilitará el surgimiento de las nuevas estructuras que se adecuarán a las nuevas realidades.

3.- El tercer aspecto es el valor común que más nos une: la existencia. Es decir, darse cuenta y tomar conciencia de que somos hermanos en la existencia y esto nos da una base común. Toda persona, por el mero hecho de existir, se merece total respeto y consideración. Esta es la condición indispensable que nos permitirá trabajar desde la amistad y reconocer que tenemos más cosas en común de las que nos separan.

A esta amistad existencial –que nos lleva a desear vivir con compromiso nuestra vida–, deberíamos añadirle la capacidad de reconocer la realidad, aceptarla y asumirla. Y, así, ser capaces de transformarla desde la colectividad y siendo conscientes de nuestros límites. El hecho de nacer en una realidad concreta –en una cultura, un idioma, una realidad económica, etc.–, nos configura como individuos y, por tanto, nos capacita para desarrollar diferentes quehaceres en la colectividad. Si no somos capaces de aceptar esta situación viviremos al margen de la realidad o con la constante inquietud de lo que podríamos vivir y no podemos. Aún así, el individuo ha de ser capaz de liberarse de aquellas estructuras que lo mantienen atrapado, pues de otra manera no podrá actuar libremente y no podrá aportar nada a la colectividad.

Con estos aspectos señalados y partiendo de que nuestra existencia se da en un espacio y en un tiempo determinados, la aceptación de las situaciones personales permitirá desarrollar nuestras capacidades para crecer dentro de la colectividad, a la vez que hacerla crecer.

Estos tres aspectos que hemos considerado para mantener el equilibrio estructural no son los únicos. Es indudable que hoy día entran en juego muchos otros elementos que no hemos señalado aquí por cuestiones de espacio. Los que hemos subrayado aquí se parecen a aquellos malabaristas, que, con tres pelotas en las manos, las hacen girar sin que caigan al suelo. Si el malabarista es habilidoso podrá ir incorporando pelotas sin que se caigan. Pero con cada pelota añadida el equilibrio será más precario y mantenerlo le requerirá más atención y dedicación. Y llegará un momento en que no será posible encajar ninguna pelota más en el difícil juego de equilibrios.

Mantener la situación en el nivel máximo de equilibrio es un gran riesgo, y la persona quedará imposibilitada para hacer nada más. Estando en la máxima tensión será difícil responder a cualquier nuevo elemento que se quiera incorporar al juego. Muchas de las estructuras nacidas en tiempos pasados están en esta situación. Combinan pocos elementos de diversidad y diferencia y cuando han de incorporar nuevos elementos al juego social no están capacitadas para hacerlo. Es necesario incorporar otros malabaristas para poder integrar nuevos elementos al juego social. Se hace necesario pasar de estructuras pensadas en mentalidad individual a otras de mentalidad más social, transversal o incluso universal.

En definitiva, muchas de las estructuras actuales fueron pensadas y creadas en siglos anteriores, en situaciones donde era relativamente sencillo mantener el equilibrio social pues la diversidad era pequeña. Ahora, hay que abrirse o variar estas estructuras para que puedan encajarse nuevos parámetros, nuevos valores, nuevos paradigmas, que piden una dimensión estructural mucho más amplia y sobre todo sostenida en un fundamento más sólido y universal.

Instituto de la Paz de Barcelona
Carme Maltas Freixas, Francisco García Bastida, Ignasi Batlle Molina, Jordi Cussó Porredón.

España – Barcelona

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