Llamamiento de paz 2010

BARCELONA. Tal como estaba previsto se desarrolló en esta ciudad el pasado mes de octubre el encuentro mundial de religiones por la paz, organizado por la Comunidad de Sant Egidio. La celebración congregó a miles de personas procedentes de diversos países que celebraron y conversaron durante tres días sobre la paz y cómo alcanzarla. Durante los tres días se realizaron varios encuentros simultáneos con ponencias y expertos de diversos países que expusieron su parecer sobre los temas del encuentro. Uno de esos paneles debatió sobre las recetas para salir de una crisis que no es sólo económica. Allí se destacó la presencia de Vincenzo Scotti, subsecretario de Exteriores del gobierno italiano, quien señaló que “el problema se debe a que en vez de resolver la cuestión desde la raíz, nos alegramos con pocas correcciones: debemos preguntarnos como pasar de la lógica de la competición a la de cooperación”. En este sentido la Carta de la Paz dirigida a la ONU habla de la amistad y la cooperación. La buena fraternidad de sangre, de etnia, etc. impulsa a compartir la vida, el tiempo, la cultura y los bienes materiales. Entre buenos hermanos se cuida que el más débil o menos dotado no quede atrás, se procura marchar en conjunto, con un mínimo digno para todos, como dice el punto IX de la Carta de la Paz. Lo mismo ocurre entre los amigos. Hermandad y amistad se dan entre personas que se conocen entre sí, en cambio, la solidaridad -también necesaria si en verdad se desea la paz- se da entre personas que en su gran mayoría no se conocen, pero que sí saben de su existencia y de sus dificultades y necesidades. Como dice el texto de este punto V, percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos [desde la familia y los grupos en que crecemos y vivimos de ordinario] a la sociedad. En la declaración final se expresa que “a través del diálogo ese destino común que es la paz se hace realidad. El diálogo es el camino para encontrarlo y construirlo. Nos protege a cada uno de nosotros y nos hace seguir siendo humanos en un tiempo de crisis. El diálogo no es ingenuidad. Es la capacidad de ver lejos aun cuando todos miran sólo cerca y por eso se sienten solos, resignados y asustados. El diálogo no debilita sino que refuerza. Es la verdadera alternativa a la violencia. Nada se pierde con el diálogo. Todo es posible, incluso imaginar la paz. En una sociedad en la que cada vez es más frecuente que personas diferentes vivan juntas, es necesario aprender el arte del diálogo. No debilita la identidad de nadie y permite volver a descubrir lo mejor de cada uno y del otro. Nuestras sociedades necesitan aprender de nuevo el arte de convivir”. El texto completo de la declaración final del Encuentro Mundial por la Paz se puede leer accediendo a este enlace. Carta de la Paz España – Barcelona

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