Momentos de convivencia y fiesta

Hace años que conozco la Carta de la Paz dirigida a la ONU y he tenido la posibilidad, junto con un grupo de personas muy diferentes, de profundizar en ella. Con todos ellos, ya hace  aproximadamente diez años que nos reunimos de forma periódica, hablamos y convivimos. Recuerdo el inicio, cuando un grupo de voluntarios recogíamos firmas de adhesión al documento y ayudábamos a las presentaciones solemnes de la Carta de la Paz en diferentes países del mundo. Eran jornadas de nervios, pero al mismo tiempo buscábamos momentos de convivencia y fiesta. La naturalidad con que vivimos todo aquel tiempo, el respeto entre las personas, era sorprendente. La Carta de la Paz, sobre todo, me ha ayudado a entender que todos somos respetables independientemente de nuestros hábitos y costumbres. Me ha ayudado a comprender la importancia de ponernos en el lugar de los demás, en querer conocer la realidad de mi amigo, para poder entenderlo, aunque no compartamos la misma forma de pensar. Firmar la Carta de la Paz es importante, pero no es el final. Firmar el documento es una puerta a la voluntad de construir la paz. Por eso es importante estudiarla, aprenderla, vivirla. La actitud de vida que tomamos ante las relaciones humanas nos hará ser más o menos hombres de paz. Creo que tenemos la necesidad de estudiar y culturalizarnos más en este sentido. Si no vivimos esta experiencia, si no compartimos, no seremos capaces de ser hombres de paz. También recuerdo, especialmente, la campaña “Desarrollar la paz en Cataluña”, realizada entre mayo de 1999 y febrero del 2004, tiempo en que la Carta de la Paz recorrió todas las comarcas de Cataluña. ¡Qué idea tan genial y qué paciencia! En cada una de las comarcas se habló de paz con grandes, pequeños, abuelos… gente muy diferente pero con un objetivo común. ¿Será que la paz es trabajo de todos? Mirando hacia atrás sólo puedo afirmar que he tenido la oportunidad de conocer y convivir con gente de paz. Gente que vive la paz y que te la deja respirar, casi tocar. Soy consciente del privilegio que representa esto, ya que no siempre es fácil estar rodeada de personas así. Trabajemos, pues para que sea más común estar acompañada de gente de paz, gente sin conflictos, gente transmisora de paz. Este es un derecho de todos y hacerlo posible está en nuestras manos. Anna Viñas Pich (Aparejadora) España – Barcelona

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