Museos de la paz

Entramos en plena época vacacional en el hemisferio norte, y una de las opciones que se desarrollan con fuerza es el denominado turismo cultural. Desde hace unas décadas se ha ampliado la oferta de este tipo de turismo con una iniciativa que sorprende por su novedad y creatividad: son los Museos de la Paz que, poco a poco, van extendiéndose por el planeta con la intención de hacernos reflexionar sobre la paz y ofrecernos ideas creativas para construirla y mantenerla en nuestro entorno.

Desde que se inauguró el museo de la paz de Osaka en 1981, han sido muchos los Museos que se han erigido en todo el mundo. Su objetivo no es sólo denunciar los horrores de la guerra para que no vuelvan a repetirse, sino también homenajear la paz y sus artífices. Hoy día se encuentran en más de veinte países y son más de una cincuentena los que se pueden visitar .

Una de las tareas más importantes a las que contribuyen los Museos de la Paz es concienciar a las personas de que la paz empieza en casa; es decir, que si no somos capaces de mantener la paz a nuestro alrededor, difícilmente la podremos promover más allá de nuestro entorno. Así, se enfatiza la idea de que, si queremos la paz, no hemos de claudicar ante la búsqueda de la unidad mínima y necesaria que nos permite desarrollarnos como personas, empezando por las realidades más básicas y elementales como comer, hablar, comunicarnos, jugar, etc. Si este estado natural de unidad se rompe o se manipula, se nos abre un posible camino hacia la violencia y la guerra.

Pero los Museos de la Paz desean ser algo más que Museos en su acepción más clásica; desean llegar a ser lugares donde se pueda entender y experimentar –a través de la explicación de hechos históricos- que la paz no puede ser impuesta con leyes, instituciones o gobiernos. La paz es un proceso en el que todos debemos estar, con responsabilidad, igualmente involucrados. La paz es un bien frágil que puede quebrarse en cualquier momento y que hay que cuidar cotidianamente. La paz no es un elemento extraño a nosotros, sino que empieza en el interior de cada ser humano.

Otro de los retos de estos singulares museos, es lograr que el visitante salga con el corazón optimista y entusiasmado, con la profunda confianza de que construir la paz es posible, y con el convencimiento íntimo de que la implicación personal y la cooperación son los procesos más importantes para instaurar la paz en el mundo. Así, igual que una mancha de aceite se ensancha sin violencia ni quebranto, se irá extendiendo la paz en el mundo; una paz fruto de la contribución de muchos que, desde su interior, van desarrollándola hacia su entorno.

Las vacaciones son un tiempo de descanso, pero también un tiempo de convivencia muy intensa. Seguro que visitar estos museos, es una buena opción que nos aportará ideas para lograr una convivencia más armónica y pacífica.

 

María Viñas Pich (Trabajadora social)
España – Barcelona

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