Música para la integración

La música puede ser un instrumento tanto para la integración de adolescentes inadaptados como de inmigrantes en riesgo de exclusión social. Lo ha demostrado el proyecto de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, fundado por el maestro José Antonio Abreu y galardonado con el premio Príncipe de Asturias del año pasado. También el proyecto de escuela Pracatum, en el barrio de Candeal en Salvador de Bahía, dirigido por el músico brasileño Carlinhos Brown. Y ahora otro músico venezolano, Pablo González Martínez, lo experimenta en Barcelona.

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[Extraído de La Vanguardia; 12-1-2009]

Todas las acciones encaminadas a mejorar las condiciones de vida de las personas son alabables. Hay toda una constelación de medidas necesarias para las personas que llegan de un país a otro que los acoge: salud, educación, trabajo, vivienda, entorno social, etc. Es cierto que no todas las medidas de esta constelación llegan al tiempo que se deseara, pero hay que trabajar para optimizar su llegada y aplicación.

También hay que trabajar, sin embargo, para seguir aumentando esa constelación para que la presencia de personas que llegan de otros lugares no sólo sea una coexistencia entre personas en un mismo lugar. Que las personas se toleren unas a otras es mucho, pero no es suficiente para construir una paz sólida.

Iniciativas como la que lidera Pablo González son encomiables porque bucean más allá en las necesidades personales: una persona que inmigra es mucho més que alguien que busca trabajo. Normalmente es alguien que elige un lugar para desarrollarse como persona, y eso incluye muchos aspectos que las regulaciones sociales no pueden abarcar: la música, y otras expresiones artísticas, son elementos comunicativos de gran fuerza y espontaneidad entre las personas que pueden favorecer espacios de diálogo entre comunidades que complemente el resto de trabajo hecho en esa dirección.

La Carta de la Paz dirigida a la ONU sostiene, en su punto IX, que los “jóvenes tienen derecho a ser motivados y entusiasmados en la alegría de existir, por el ejemplo de sus padres, familia y la sociedad.” Ojalá estas iniciativas musicales y muchas otras se vayan configurando como toda una expresión social de la alegría que es existir. Y que ello pueda sostener un trabajo continuado que favorezca la paz y estimule a las generaciones subientes a hacerlo también.
Javier García Aranda (Grafista)
España – Barcelona

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