No ha sido posible

Hace mucho rato que estamos reunidos, y no parece que hoy lleguemos tampoco a ninguna solución. Han pasado ya bastantes días, y sobre todo hemos hecho muchas reuniones, y nos encontramos en un laberinto sin saber como salir. Tendremos que replantear de nuevo la cuestión, hasta si las personas que estamos en este proyecto somos las más adecuadas. Pero de momento no vemos alternativa, una salida a esta cuestión. Somos un grupo de amigos que nos conocemos de hace años y que queremos tirar adelante un proyecto empresarial con finalidades sociales. Hace tiempo que queríamos hacer esta actividad y después de vencer muchas dificultades nos hemos reunido Juan, Ramón, David, Inmaculada, Jep, Quim, Gloria y yo mismo, para intentar fundar esta nueva empresa. Pero después de muchas reuniones y de largas horas de conversación aún no hemos sido capaces de hacerlo. Algunos amigos ya decían que con este grupo no podríamos hacer nada, otros nos decían que falta liderazgo y que con algunos de estos socios no podríamos hacer nada. Todo el mundo nos dice que seguramente podemos ser buenos amigos, pero que nunca podremos trabajar juntos, porque somos demasiado incompatibles. Llegado al punto de hoy, la verdad es que no se qué decir, y quizás me tenga que creer lo que me dicen y tendré que ser yo el primero en retirarme de esta iniciativa porque todo esto nos está trayendo mucho más sufrimiento del que todos querríamos. Pero la actitud de Quim y la de Gloria no nos ponen las cosas nada fáciles. Hace tiempo que los conozco a los dos, pero ahora es como si de repente se hubiese abierto una cáscara y les descubriera unas facetas a las que antes no daba importancia. Pero ahora tengo que decir que nos impiden avanzar en el proyecto que queremos realizar. Me propongo como última alternativa hablar con los dos y ver si podemos llegar a acuerdos. Quim es una persona que podríamos calificar de “contraísta”, es decir, le gusta llevar la contraria. En algunos momentos a todos nos ha hecho gracia esta manera de ser, como si ya nos hubiésemos acostumbrado al hecho que de entrada tuviese que decir “no” y después acabara haciendo lo que decidiésemos entre todos. Todos, cuando lo invitamos a participar en este proyecto, ya sabíamos de antemano que tendríamos que gastar un tiempo para hacerle entender las cosas. Pero esta vez nos ha sorprendido, y su capacidad de llevar la contraria llega a unos niveles insospechados. Todo lo que hablamos le parece mal, bloquea todas las propuestas, y no deja que avancemos ni en aquellas cosas que tendrían que ser inverosímiles. Lo más grave es que tampoco nos aporta soluciones, ni hace propuestas, simplemente se dedica a poner pegas. Él dice que es el único realista del grupo, que no quiere que nos vayamos por las nubes y que por eso hace de abogado del diablo, pero el hecho es que ni hace ni deja hacer, con lo cual tensa las reuniones y todos empiezan a estar un poco hartos de tantas pegas e inconvenientes. Gloria plantea una problemática diferente. También la conocemos de hace tiempo, pero igual que pasa con Quim, nos parecía que su manía no era tan importante como ahora estamos descubriendo. Tengo la sensación que peca de ambiciosa, no se conforma con el lugar que le corresponde, sino que quiere roles más importantes, hay momentos que parece que lo quiere todo: todo el liderazgo, toda la responsabilidad, y, si me apuráis, todos los beneficios. No podemos que decir que nos sorprenda, ya habíamos considerado que ella liderara el proyecto y fuera la gerente, pero no nos esperábamos que nos pidiera tanto y que quisiera llegar a tanto. Parece como si los otros sólo tuviésemos que ser meras comparsas para que ella pudiera hacer lo que quiere hacer. Por este motivo solo acepta los criterios que ella defiende, y se discute acaloradamente contra todo lo que no sean sus ideas. No puedo decir que sus ideas sean malas; muchas de ellas yo, y todos, las firmaríamos con mucho gusto, pero no podemos aceptar esta manera impositiva, que denota un exceso de ambición por su parte. Además, estoy seguro de que este proyecto ella lo ve como una oportunidad de saltar a otra cosa más valiosa, que la lleve a ocupar un rol social más importante. Nosotros somos poca cosa para ella. ¿Como puede ser que los amigos utilicen a los amigos con esta cara y sin que parezca importarle tantos años de historia? Lo encontramos tan fuera de lugar que no nos fiamos, pero no sabemos como negarle la dirección después de decirle tantas veces que sería ella quien lideraría el proyecto. Nos juntamos en la cafetería de siempre para intentar conversar sin prisas. Quim expresa que está preocupado, que no quiere que por su culpa las cosas no vayan adelante. Él es consciente que su actitud no ha sido muy constructiva, pero no cree que haya para tanto. Veo que incluso ahora que vamos a hablar de las dificultades de estos meses, vuelve a llevar la contraria y lo ve de modo diferente a el resto. Llego a la conclusión de que no hace falta hacer muchos esfuerzos, no hay mala voluntad, es una manera de hacer, necesita decir que no para sentirse seguro de sí mismo; estando en contra de todo se siente apoyado, importante y piensa que conseguirá el protagonismo que de otro modo no encuentra. Es demasiado inseguro y busca con la contundencia del “no” que los otros lo escuchemos y lo valoremos. Cuando uno no se aguanta en él mismo, tiene que apoyarse en los otros, pero él equivoca la estrategia, porque para aguantarse él mismo, acaba agotando a los demás. Hablamos con seriedad y, después de mucho rato, dice que intentará de ser positivo y de no complicar tanto las cosas. A pesar de todo, tengo la sensación que no será nada fácil, porque estas actitudes son agotadoras y hacen difícil el trabajo y la convivencia. Veremos si el resto está tan decidido como yo, o también llegamos tarde y me llevarán la contraria. La conversación con Gloria es aún más complicada, porque ella no ve ningún problema. Más bien el problema lo tenemos el resto, cree que somos demasiado miedosos y que queremos hacer un proyecto poco ambicioso, que no queremos apostar fuerte para conseguir los retos que en un principio nos planteamos. Está convencida de que sin ella no podremos tirar adelante al empresa, cree que somos demasiado buena gente y que con estos valores poca cosa podremos hacer en el mundo de los negocios. Hay que tener más esperanza, dice ella, asumir más responsabilidades, así podremos crecer y ayudar a los que lo necesitan. Acaba diciendo que somos poca cosa y que si queremos hacer alguna cosa importante tendremos que llamar a colaborar a otras personas, personajes de más envergadura, rodearnos de gente que tenga un punto de mira más elevado. Ella cree que la amistad y la solidaridad no son criterios lo bastante eficientes para una entidad, aunque quiera ayudar a los pobres y a los más necesitados. Necesitamos personas más profesionales y no un grupo de aficionados. Al final no sé si quiere ayudar a los otros o si se quiere ayudar a sí misma. Tengo la sensación que para ella dirigir una entidad no lucrativa, que haga una tarea social, es un prestigio añadido, una manera de creerse más grande, porque podrá ayudar a los que lo necesitan. Y, además, sin lugar a dudas, es también una manera de ganar dinero. Con todo este protocolo nos volvemos a reunir para decidir qué queremos hacer. A medida que avanza la reunión, las posturas que se entrevén expresan que las cosas no han mejorado mucho. Al fin, con cierta tristeza, decidimos no tirar adelante el proyecto. Tendremos que esperar que las personas maduremos más, que sepamos ser capaces de dejar atrás ciertas actitudes y estar más dispuestos a escucharnos y a ayudarnos. Parece extraño que crear una entidad para ayudar a los demás pueda costar tanto; tendremos que empezar por encontrar una entidad que nos ayude a nosotros a hacer las cosas de manera más sencilla, a ser capaces de crear grupo. Pero de momento, lo tenemos que dejar, y a la mayoría nos sabe mal. Porque uno quería demasiado, y el otro no dejaba hacer nada, los que más lo necesitaban se quedarán esperando a que un día seamos capaces de hacer alguna cosa más que ambicionar o llevar la contraria. Espero, al menos, que esto no afecte nuestra amistad.

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