Nuevo hito en las relaciones alemano-israelís

Angela Merkel se convierte hoy en el primer jefe o jefa de Gobierno que habla en el Parlamento de Israel, un honor hasta ahora reservado a los jefes de Estado. La canciller mantiene la estrechísima relacion con el Estado judío que ha marcado la política exterior alemana después de los horrores del Holocausto.

Hasta hace pocos años, en Alemania era casi un tabú criticar la política israelí debido al sentido de responsabilidad por las atrocidades nazis. Hoy el debate sobre el conflicto con los palestinos está más abierto en la sociedad alemana, aunque la hipoteca histórica evita que las críticas a Israel adquieran el tono simplista, como ocurre a menudo en otros países.
[Extraído de PUBLICO.ES; 18-3-2008]

En el primer discurso de un jefe de gobierno extranjero ante el parlamento israelí (Knesset), el pasado 18 de marzo la canciller alemana Angela Merkel agradeció este honor en lengua hebrea. Ya en alemán, añadió seguidamente su agradecimiento de poder hacerlo en su lengua materna.

Algunos diputados habían llamado al boicot de este acontecimiento histórico entendiendo que el solo uso de la lengua alemana era un insulto a la memoria de los 6 millones de judíos asesinados por los alemanes. Este resentimiento demuestra que las heridas del pasado no se curan a lo largo de dos generaciones. La máxima representante del ejecutivo alemán admitió que el holocausto originó una ruptura de civilización sin igual. En nombre de los alemanes, Merkel expresó su vergüenza por el holocausto (shoah) inclinándose ante las víctimas, los supervivientes y todos aquellos que los ayudaron para que pudiesen sobrevivir. “Sólo si Alemania confiesa su responsabilidad perpetua de la catástrofe moral en la historia alemana, podremos construir un futuro digno de la persona humana”, dijo.

Este discurso, pronunciado aprovechando la ocasión del 60º aniversario del Estado de Israel, ha significado un hito en las relaciones alemano-israelís, aunque no ha sido la primera vez que un representante de las instituciones alemanas lamentase públicamente, como señala el punto VIII de la Carta de la Paz dirigida a la ONU, el indescriptible mal ocasionado a los judíos en la Historia.

Al lector y lectora puede serle de interés conocer algunos de los hitos en  el largo y doloroso proceso de la reconciliación. Contado a partir del final de la Segunda Guerra Mundial pasaron:

– 4 años para que se publicara la Ley fundamental para la República Federal Alemana (RFA, Alemania Occidental), cuyo primer artículo dice: “La dignidad de la persona es sagrada”;
– 7 años para que la RFA empezase a pagar reparaciones (25 mil millones de euros hasta finales del año 2005);
– 12 años para que una ley israelí exigiese que el sitio conmemorativo central para las víctimas del holocausto, Yad Vashem (traducido, un monumento y un nombre) también honorase las personas no judías que durante la shoah hubieran salvado judíos poniendo en peligro su propia vida;
– 20 años para que la RFA e Israel establecieran relaciones diplomáticas –durante mucho tiempo, el pasaporte israelí tenía la frase que valía para todos los países exceptuando Alemania-;
– 30 años para que las federaciones sindicalistas de ambos Estados firmasen un contrato de cooperación;
– más de 40 años para que también el otro Estado alemán (RDA, Alemania Oriental), poco antes de dejar de existir reconociese su corresponsabilidad histórica y el Estado de Israel –antes, como Estado autodenomindo antifascista, consideraba que sólo la otra parte de Alemania había heredado el lastre del nacionalsocialismo-;
– 50 años para que el jefe de Estado de Israel hablase, en hebreo, ante el el parlamento de la Alemania reunificada;
– 55 años para que el jefe de Estado de Alemania (representate máximo pero sin poderes políticos significativos) hablase ante la Knesset;
– casi 60 años para que un director de orquestra judío tocara obras de Wagner en Israel;
– 63 años para que el jefe de Gobierno de Alemania (Ley fundamental, art. 65: “El canciller federal establece las directrices de la política y es su responsable”) hablase ante el parlamento de Israel.

Merece la pena destacar que la contribución de la sociedad civil en el proceso de reconciliación también ha sido un factor muy importante. A pesar de ello, queda tanto trabajo por hacer. Hoy por hoy es absolutamente impensable que un soldado alemán participe en una misión de paz en el Líban, por miedo a que en un circunstancia de autodefensa, por ejemplo, se pueda ver obligado a matar un soldado israelí. Antes de que hablara Angela Merkel, la presidenta de la Knesset, Dalia Itzik, dijo en un discurso muy emocional: “La shoah está siempre en nuestra vida. A menudo me pregunto qué habría pasado con el pueblo judío si los asesinos alemanes no hubieran llevado las personas al gas?” Con la mirada dirigida al futuro, Merkel dijo: Cuando ya no viva ningún testigo del holocausto, no será suficiente con sitios conmemorativos. La memoria tendrá que ir dando resultados. Pensamientos tienen que convertirse en palabras y las palabras, en acciones. Hoy mi generación, junto con la de los jóvenes tenemos la tarea de explorar caminos creativos hacia una cultura de la memoria, tanto en Israel como en Alemania.”

Es precisamente aquí donde la Carta de la Paz aporta un elemento muy útil (puntos I-III). La evidencia de que las generaciones post-holocausto no tenemos ninguna culpa de las atrocidades cometidas antes de que existiéramos tendría que ayudar a nuestras generaciones, en ambos lados, a enterrar todo resentimiento por absurdo y construir, a partir de la amistad, la memoria y la responsabilidad, nuevos fundamentos para una convivencia de los pueblos en paz.

Sin embargo, la nueva amistad que se desarrolle tendrá que pasar pruebas de fuego. El eco que hace la prensa árabe de la visita de Angela Merkel a Israel es mayoritariamente negativo, hasta el punto de calificar las afirmaciones de la canciller alemana sobre la innegociable seguridad de Israel como submisión a la extorsión israeliana, o de equiparar los ataques israelís a la franja de Gaza con el holocausto. Alemania e Israel no están solos en este mundo. Hay conflictos a resolver, donde también están presentes muchos resentimientos. Si israelís y alemanes somos amigos, tiene que ser posible, como bien apuntaba Thilo Schäfer en PUBLICO.ES el mismo día del discurso de Angela Merkel en la Knesset, hablar en público y con total sinceridad de asuntos difíciles sin tener miedo a que se produzcan interpretaciones malintencionadas. Llego a la conclusión de que, si no se puede, es que todavía no hemos superado nuestros resentimientos. Entonces, ¡no aflojemos el esfuerzo! La amistad y la paz lo valen.

 

Ulrich Franken (Farmacéutico)
España – Barcelona

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