Nuevos tiempos, nuevas estructuras

Cuando hace años cayó el muro de Berlín, muchos autores pensaron que este hecho supondría el fin del sistema comunista, pero que también comportaría el fin del sistema capitalista. Como un castillo de naipes, donde unos sotienen a otros, si cae uno, también lo hará el otro. No obstante, el paso del tiempo pareció indicar lo contrario, el sistema capitalista ganó seguidores y cada vez se expansionó en más países. Los niveles de crecimiento y de bienestar conseguidos alrededor del mundo daban la razón a los llamados “neocons”, y a pesar de algunas desviaciones, los modelos económicos aguantaron con solvencia las diferentes estampidas.

El pasado verano, a raíz de la crisis financiera iniciada ya en el año 2007, se empezó a intuir que quizás la bonanza exitosa del sistema capitalista era una falsa ilusión. Llevaban muchos años de guerra fría, y la caída del muro de Berlín sólo supuso quitar un freno de la rueda al sistema capitalista, con lo que éste todavía giró a más velocidad, pero sólo era cuestión de tiempo que la rueda se parase, porque en si mismo, el capitalismo, sin otros complementos, no tenía la capacidad de respuesta que necesitaba el mundo de nuestros días. Ahora todo el mundo habla de reformar el capitalismo, se está de acuerdo en que hay que modificar algunos aspectos, porque este sistema es un gigante con pies de barro, y no puede sostenerse sin unos cambios estructurales. La pregunta es si se requieren pequeños retoques o si hay que reformular muchos de los criterios que definen el sistema capitalista. Además este sistema ha vivido, recientemente, el fenómeno de la globalización, con lo que las estructuras capitalistas se han globalizado, se han impuesto alrededor del mundo y ahora tendremos que replantearnos si estas estructuras son las más adecuadas para lograr y consolidar la paz en el mundo.

Pero desestructurar o cambiar un sistema social no es una tarea tan sencilla, pide esfuerzo y mucha creatividad. En el fondo las estructuras sociales del capitalismo se apoyan en los intereses personales y en los de los diferentes grupos sociales, en un grado de ambición personal y colectivo. Y si todo esto nos ha comportado, aunque sea a una minoría de seres humanos, un cierto grado de bienestar, difícilmente estaremos dispuestos a cambiarlo. Somos nosotros mismos los que perpetuamos estas estructuras, porque no queremos renunciar a seguir minimizando un beneficio personal o grupal. La tentación ante la crisis actual, es hacer ver que cambian las estructuras, pero sin cambiar aquellos valores sobre los que fundamentamos estas estructuras sociales injustas, aquellos valores que nosotros mismos reconocemos que no traen la paz. Y si una crisis como la que estamos sufriendo fuese capaz de desmantelar las estructuras actuales, pero fundamentamos las nuevas sobre las mismas bases que las antiguas, habremos revestido la realidad, pero en el fondo todo seguirá igual. Los cambios formales son una apariencia que disfraza la realidad, pero no nos llevan a nuevas metas. Hay que cambiar, no sólo las estructuras sociales, sino, sobre todo, el fundamento de las mismas, si queremos lograr una sociedad en paz.

En este momento que vivimos, hay que plantearse seriamente, si deseamos mejoras económicas y volver a la tranquilidad de nuestro bienestar occidental, o si queremos realmente la paz, a pesar de que esto nos exija una serie de cambios y de actitudes que afectarán la vida y la escala de valores de los ciudadanos. Tendremos que preguntarnos si el conjunto social tiene que seguir vertebrado por un conjunto de estructuras sociales que han perdurado en el tiempo y que algunos consideran intocables o s podemos ir a fondo y empezar a plantearnos nuevas estructuras sociales. Cada momento y situación pide que seamos capaces de ser flexibles y estructurarnos con nuevos elementos que sean capaces de garantizar más sólidamente la paz. De lo que no hay duda es que necesitamos de unas estructuras sociales si queremos construir una sociedad en paz. Seguramente tenemos que mantener algunas y al mismo tiempo crear nuevas para poder lograr los retos que nos planteamos. Podemos equivocarnos, pero alguna cosa tendremos que hacer, y no dejar que sean los acontecimientos lo que nos marquen el itinerario a seguir.

Se suele decir que épocas de crisis son épocas de oportunidades. Básicamente, porque estas épocas constatan muchas carencias, y esto hace posible que el ser humano tenga una actitud de búsqueda, hacia otras cosas y que al mismo tiempo tenga la flexibilidad de adaptarse a las nuevas circunstancias para buscar, mejorar y reencontrar algo nuevo. Alguien podría aprovechar estos momentos para buscar lo que se ha perdido, cosa imposible porque el paso del tiempo hace variar las circunstancias, y por lo tanto, imposibilita repetir el tiempo pasado. El ser humano necesita el tiempo, para modificar o flexibilizar determinadas actitudes, y esta flexibilidad permite modificar la estructura social. Quizás es momento de pensar qué brújula utilizamos para este itinerario. ¿Seguiremos utilizando los parámetros que hemos utilizado hasta hoy?, ¿aprovecharemos estos tiempos de desconcierto para introducir valores diferentes que nos ayuden a dibujar este futuro camino?

La Carta de la Paz dirigida a la ONU, en su punto VI, afirma que las nuevas estructuras sociales han de fundamentarse en estructuras que estén abiertas por su base. Es decir, no podemos apoyarnos en estructuras encerradas en ellas mismas, como si fueran un callejón sin salida. Y si así fuera, hay que abrir este callejón sin salida que no permite que se enraícen en una base más amplia y común a todos los seres humanos. El fundamento de estas estructuras (sean las que sean) es lo que la Carta de la Paz denomina hermandad existencial. Los intereses no son sólo de grupo, de etnia, o de nación, sino de todos los seres existentes. Si no somos capaces de entender esto, no podremos crear las condiciones necesarias para que la gente pueda vivir la fraternidad humana.

Tendemos a pensar que las estructuras definen nuestra identidad, y sabemos que ésta no está colgada en el aire, sino enraizada en un espacio, en un tiempo, en una historia. Pero olvidamos que las raíces de un grupo son comunes también a otros grupos, que surgen de la misma historia, pues todos somos hijos de la misma Historia. Salir del “callejón sin salida” nos permite descubrir que si bien hay unas raíces más universales, éstas no nos hacen perder la identidad del grupo. No somos sólo un nosotros reducido y marcado por una geografía determinada, somos también contemporáneos pues vivimos en el mismo tiempo. Pasamos de buscar la fraternidad de unos cuantos, los míos, a desearla para todos los seres contemporáneos, a todos los que existen. Si aquello que nos impide abrir las estructuras para su base, es el miedo a perder lo que soy, no podemos obviar que somos seres humanos y que todo lo que existe tiene derecho a vivir con dignidad. Es sobre esta base, el hecho de existir, donde podemos encontrar el fundamento adecuado para crear aquéllas estructuras capaces de consolidar la paz. Y no podemos dejar de lado otro criterio básico: las estructuras están al servicio de las personas y no las personas al servicio de las estructuras. Si entendiésemos esto, perderíamos mucho del miedo de hacer cualquier cambio, porque a pesar que las revisamos y cambiamos, estaremos tranquilos, porque aquello que renovamos o creamos estará al servicio de las personas, de todos los contemporáneos.

La Carta de la Paz no afirma que no sea imposible basar los nuevos entramados sociales sobre los que ya existen, sino que muchas veces hacerlo es peligroso. Y lo es porque la mayoría de estructuras fueron organizadas en su tiempo para resolver otras situaciones, se basaron en unos principios concretos, y en la actualidad, ante las nuevas circunstancias, tienen un margen estrecho y una capacidad limitada de respuesta. Además, estas estructuras no son ajenas a determinadas ideologías e intereses concretos y particulares, y son fruto de situaciones históricas, que han supuesto para algunos sectores y pueblos unos resentimientos que con el paso del tiempo perduran, por razón de unas estructuras, a menudo injustas. Desmantelar todo esto no es fácil y se tiene que hacer sin poner en peligro los hitos socio-económicos, culturales y sociales que hemos logrado. Desmantelar estructuras porque consideramos que no son adecuadas o no han logrado los resultados esperados, contribuirá sin duda a eliminar resentimientos en los grupos sociales.

Todo lo que hacemos los seres humanos es limitado y no podemos hacer nada con la seguridad de que siempre acertaremos. Tenemos que revisar continuamente las cosas y ponerlas sobre la mesa. Alegrarnos de los éxitos logrados y hacer lo posible para remediar los fracasos. Y no hay duda que todas las cosas tienen un coste, tendremos que valorar también cuál es el coste de la paz que estamos dispuestos a asumir. A pesar de todo, si dejamos pasar el tiempo sin hacer nada, también vemos que las consecuencias no son siempre las más justas, “la mano invisible” que conduce la economía de mercado no siempre es tan invisible y a menudo busca el provecho de unos cuantos, contra el resto del mundo. Esta “paz” también puede resultar demasiado cara.

No es necesario ser pesimistas, el siglo XX, dicen algunos autores que ha sido el más horrible de los siglos, por la cantidad de deshechas que se han llevado a cabo en nombre del progreso y del bien. Pero también es el siglo donde han aparecido tres de los movimientos más importantes: el feminismo, el ecologismo y el pacifismo. Este mundo complejo y complicado se ha hecho más sensible a la paz. En un mundo como el nuestro, seguro que pueden surgir muchas realidades que sean capaces de rehacer las estructuras sociales y construir un mundo más en paz.

Instituto de la Paz de Barcelona
Carme Maltas Freixas, Francisco García Bastida, Ignasi Batlle Molina, Jordi Cussó Porredón.

España – Barcelona

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>