Palabras gastadas

“No hay nada más gastado en Colombia que la palabra perdón. Se pide perdón y se sigue adelante. Sin asumir responsabilidades ni recibir sanciones”. (www.elespectador.com)

Hace un tiempo recibí un artículo referido a la palabra perdón y las veces que se la utiliza vacía del verdadero contenido. La nota había sido publicada en Colombia por María Elvira Bonilla en el sitio web www.elespectador.com, y en ella se relataban los últimos hechos donde autoridades del país habían pedido perdón por situaciones del pasado reciente.

Dice la columnista que se trata de “un hábito que se ha vuelto casi una afirmación refleja que repiten quienes se sienten o se saben culpables, y que Salvatore Mancuso intentó elevar a Ley de la República. Con “lágrimas de cocodrilo” les pidió perdón a las víctimas en vivo y en directo por televisión, durante el acto de desmovilización de sus 1.400 hombres del Bloque Catatumbo en 2005, después de matar centenares de campesinos a su paso por La Gabarra, Tibú.. Un libreto que siguieron con igual desfachatez todos los jefes paramilitares en las audiencias de Justicia y Paz”.

Y agrega luego otro ejemplo que incluye un pedido de perdón del expresidente Álvaro Uribe, al que califica de “perdón mediático, sin convencimiento”. Luego señala que “perdón pidió el expresidente Samper en nombre del Estado por la masacre de Trujillo, Valle, hace ya quince años. Y hace un par de meses el presidente Santos lo hizo con los sobrevivientes de la masacre de El Salado, allí en su propio pueblo frente a quienes vivieron el horror de aquella interminable noche. Y lo hizo el ministro Vargas Lleras forzado por las leyes internacionales, por el asesinato del senador de la UP Manuel Cepeda”.

Finaliza su artículo diciendo que “vendrán nuevos perdones… Perdón, una palabra tristemente gastada en un país que la necesita tanto. Si fuera de verdad”.

La Carta de la Paz dirigida a la ONU expresa en su punto VIII  que “los representantes actuales de las instituciones que han perdurado en la Historia, no son responsables de lo sucedido en el pasado, pues ellos no existían. Sin embargo, para favorecer la paz, esos representantes han de lamentar públicamente, cuando sea prudente, los males e injusticias que se cometieron por parte de esas instituciones a lo largo de la Historia. Así mismo, han de resarcir en lo posible, institucionalmente, los daños ocasionados”.

Algunos de estos pedidos de perdón de los que se da cuenta en el artículo fueron solicitados por los propios protagonistas. Si vinculamos este artículo con la Carta de la Paz vemos que el lamentar públicamente males cometidos en la Historia debe estar acompañado por resarcir los daños ocasionados. El pedido de perdón debe ser sincero y no solo una expresión pública vacía de contenido, reparación y sentido.

Como dice la autora del artículo: “una palabra tristemente gastada en un país que la necesita tanto”. Para poder lograr la paz en una comunidad los responsables de los males deben pedir perdón y resarcir –en lo posible- a las víctimas. Si esto no ocurre será difícil lograr esa paz, a la que aluden reiteradamente, pero sin convicción.

Alfredo Fernández Capel
Periodista

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