Paz e interculturalidad

El deseo de paz no es nuevo. La aspiración de la paz es innata en el hombre, pero no se debe confundir con la uniformidad o con la ausencia de conflictos. La paz no se debe fomentar en la certeza/seguridad, sino en la confianza/familiaridad (…). Los ideales políticos del pasado (y también de hoy en día) son, sobre todo, monoculturales. La “pax romana”, la “pax americana”, la “pax económica” y también la “pax cristiana” se basan en una ideología especial: “nosotros” podemos y tenemos la obligación de tolerar los “bárbaros”, los “no cristianos”, el “Tercer Mundo” y también a los pobres, pero a todos les tocará convertirse en “civilizados” y también “ricos”. La interculturalidad echa por tierra este mito porque evidencia el fracaso y la contradicción interna. El fracaso histórico es evidente. Después de seis mil años de historia, la humanidad no disfruta de paz. La contradicción interna surge con claridad: la paz no puede ser fruto de una sola ideología y aun menos del triunfo de una sola cultura o religión (…). La paz no es la ausencia de fuerza o de polaridad. La paz no violenta el ritmo de la realidad. La paz no implica la homogeneización de todo, sino más bien, la participación y la contribución en el ritmo constitutivo de la realidad. No se combate por la paz; se combate por los derechos o, si a caso, por la justicia, pero nunca por la paz. Es una contradicción.
Fragmento del libro “Paz e interculturalidad. Una reflexión filosófica”. Editorial Proa. Barcelona, 2004.

 

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