Quien se compadece

Quien ocupa el cuarto puesto, ya no existe, nos decían en un taller sobre el uso de Internet. Nos insistían en cómo es la única herramienta que nos permite ser alguien en el mundo laboral. Por tanto, nuestro objetivo prioritario tiene que ser conseguir un alto número de seguidores en Twitter que nos permita posicionarnos como profesionales (¿o personas?) deseables. Gestionar nuestra networking correctamente nos permitirá ampliar nuestros contactos y utilizarlos cuando los necesitemos. Debemos lograr ocupar las primeras posiciones, desplazando de Google o de cualquier buscador, a los competidores.

Al día siguiente escuchaba unas declaraciones de un dirigente empresarial en defensa de la reforma laboral en las que manifestaba cómo la época de cohesión social había finalizado. Lo que ahora importa es ser competitivo para ser tenido en cuenta en un mundo globalizado que engulle a quien no es el más fuerte.

No puedo ni quiero dejar de pensar en tantas personas conocidas que actualmente están sufriendo a causa de la crisis. Amenaza de despido, reducción de sueldo, paro, presión para pagar la hipoteca, pero también para dar una educación a los hijos e, incluso, para mantener unos niveles alimentarios adecuados,… Evidentemente, no son los más fuertes aunque sean la mayoría de mi entorno. Quizás algunos de ellos se sumarán a los que ya es seguro que la falta de cohesión social, la globalización, la competitividad desplazarán de los circuitos laborales, de la carretera de los triunfadores y de los derechos que hasta hace poco considerábamos incuestionables y que ahora aparecen como quimeras que solicitan una nueva conquista.

Sin duda ante esta situación somos muchos los que nos planteamos acercarnos al que sufre desde una perspectiva de generosidad y compasión. Pero nuestra compasión para ser efectiva en los momentos actuales no puede basarse en la superioridad de quien lo tiene todo asegurado y piensa con generosidad en quien no tiene nada. Quizás, una de las virtudes del panorama actual sea la de hacernos ver que nuestra condición de humanos nos lleva a compartir también nuestra vulnerabilidad. Todos podemos ser empujados al margen del camino y, por tanto, todos podemos ser objeto de compasión por un motivo u otro. Es posible que esta invitación a identificarnos con los perdedores no nos resulte la más atractiva, ya que despoja de superioridad nuestra relación con el débil, pero es la que configura nuestra reacción ante el padecimiento ajeno de forma más realista.

La compasión únicamente puede nacer de la conciencia de compartir una misma debilidad e idéntica incerteza en un mundo en permanente cambio, pero también el deseo poderoso de construir una sociedad más justa en la que la respuesta ética ante el sufrimiento no deje a nadie marginado.

Elena Martín Hernández
Licenciada en Geografía e Historia
MBA en Administración y Dirección de Empresas
Barcelona (España)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>