Responsabilidades

Soy una persona que desde muy joven ha tenido inquietud por la sociedad. Siempre me ha gustado estar al tanto de lo que pasaba en este mundo, por eso he intentado participar de todo aquello que, con mi pequeña aportación, sirviera para mejorarlo un poco. Esta inquietud me ha llevado a participar de distintas actividades: desde centros juveniles (allá por los años 60) hasta asociaciones de vecinos, sindicatos  e incluso algún partido político. Siempre he tenido la misma sensación en todos los lugares en los que me he encontrado. En todo momento he tenido un “enemigo” con el que enfrentarme, ya fuera la incomprensión de nuestros mayores, el ayuntamiento la empresa que no escuchaba nuestras reivindicaciones o bien  el militante de otro partido, con el que cuando hablaba encontraba puntos en común, pero siempre me dejaba la duda o desconfianza de que  trataba de engañarme a fin de conseguir lo que perseguía. Así uno también caía en el juego del engaño, o la táctica dicho más suave. La pregunta es: ¿Por qué me atrae la Carta de la Paz? La respuesta es muy simple. Yo creo que todo el mundo deseamos la paz, pero cuando se analizan los motivos de la falta de paz todo el mundo responsabiliza al otro del conflicto y esto, desgraciadamente, se da a todos los niveles, dificultando el encuentro de puntos en común. He tenido que leer varias veces la Carta de la Paz para entender que no se debe de responsabilizar sólo a uno de que la Paz no sea un hecho, y que lo único que hace es invitarnos a todos  a trabajar por la paz a partir de nosotros mismos, liberándonos de las ideologías; el lastre de la historia mal asumida, y los resentimientos. Me siento muy a gusto en el Instituto de la paz del Punto VI (instituto que trabaja sobre el concepto de las estructuras sociales en Barcelona), ya que en el mismo me siento muy libre para poder expresar todo lo que yo creo que es importante para construir la paz. Aunque soy consciente de que apenas es un grano de arena en un gran desierto creo que merece la pena aportarlo, al fin y al cabo un desierto no deja de ser un gran motón de pequeños granos de arena. Francisco García Bastida (Delineante y Graduado Social) España – Barcelona

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