Retirar los símbolos franquistas

Los contemporáneos no somos culpables de lo ocurrido pero eso no nos exime de trabajar para mejorar las consecuencias negativas que de ese pasado vivimos en el presente. La historia de la época de Franco, inamovible, no ha de ser excusa para no mejorar los males que la democracia actual tiene y que sí está en nuestras manos.
Transmitir resentimientos no es la mejor manera de enseñar. La historia pasada fue un bien ontológico para los que existimos en la actualidad, pero hay que discernir y ver objetivamente el mal moral que también se dio en ella. El perdón es propio de seres realistas que reconocen con humildad que todos nos equivocamos y podemos actuar de formas similares en situaciones similares. Así vencemos la tentación de querer rescribir la historia desde el presente con objetivos manipuladores.

Creo que la medida de retirar los símbolos franquistas adoptada por la ley de Memoria histórica no es la solución más eficaz para conocer la historia de España; más bien parece una manera de querer borrar la memoria.

El franquismo es un período histórico todavía conocido con poca objetividad por ser bastante reciente, porque hay muchas heridas abiertas y porque quizás a las víctimas no se les ha pedido perdón. El pacto de silencio que hubo durante la transición y la euforia que supuso para los vencidos la muerte de Franco aún se hace sentir aunque, poco a poco, hay menos silencio junto al apasionamiento y maniqueísmo de los vencidos y vencedores hay también estudios objetivos de lo ocurrido durante ese periodo de tiempo. Es más fácil retirar los símbolos históricos de nuestro pasado reciente que, sin rencor ni odio, hacer una relectura objetiva, desarmada, y en clave de paz. Lo que es importante son las causas sociales e históricas que condujeron a vivir ese tiempo de esa determinada manera. A veces, nos alargamos mucho explicando cómo se vivió ese tiempo pero poco en vislumbrar e investigar el porqué se dio o en qué medida se están dando las causas similares en el panorama político actual.

Eliminemos monumentos o no, los acontecimientos pasados y sus personajes así como las personas que nos precedieron siguen estando presentes de muchas maneras, especialmente a través de las personas que ahora estamos existiendo y a través de las consecuencias económicas, culturales e institucionales que han sobrevivido. Ser libre de ese pasado y desarmar esos monumentos de primera carga de lucha ideológica y maniqueísmo que han tenido hasta ahora podría ser una medida más eficaz que la erradicación de los mismos del panorama de nuestras ciudades y pueblos.

Otra cosa es que reconozcan, amplíen derechos y se establezcan medidas o actos pera resarcir o pedir perdón, en lo posible, a las víctimas. El corazón reconciliado de las personas que sufrieron permite crear el tejido social ya que permite vivir una apuesta firme en la cotidianeidad para que no se repitan las causas que condujeron a esos hechos y, por tanto, a que posteriormente se sacralizaran los mismos son con sus posteriores monumentos. Por lo tanto, “Los representantes deben lamentar públicamente los males e injusticias cometidas en el pasado por las instituciones que representan y resarcir en lo posible los daños ocasionados”. Asumir responsabilidades, admitir los errores y equivocaciones es reconciliante, restaurador y liberador de dolores, culpas y miedos.

Debemos ser más creativos, más libres del pasado, inteligentes y capaces de tener otros lenguajes que no sean el borrar todo rastro de un cierto periodo histórico o el vivir resentidos porque si nos acostumbramos sólo a éstos, de nada sirve eliminar símbolos o no hacer apología de la Guerra Civil; construiremos nuestros propios símbolos y seguiremos haciendo pequeñas guerras cotidianas en nuestro entorno convivencial.

En resumen, y para acabar, más que quitar y eliminar “todo rastro” de elementos “fascistas” habría que hacer una relectura de los mismos de manera más objetiva, desde el perdón, desde el reconocimiento de los errores, sabiéndonos fruto de los mismos y desde la corresponsabilidad para liberar, curar heridas y evitar que se den los elementos causantes que condujeron a ese “fascismo” se repitan.
Ángeles González (Profesora)
China – Xian

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