Ruta de la Paz en China

XIAN. CHINA. Esta primera Ruta de la Paz en China fue pensada teniendo en cuenta diversos lugares importantes que han configurado la historia antigua y moderna de China. Empezamos por Pekín, capital y sede de los organismos gubernamentales y culturales más importantes. Las olimpiadas de 2008 fueron un acontecimiento trascendental en la vida de esta ciudad y, de hecho, de todo el país. Al visitar la zona olímpica pudimos estar varias horas en el Nido, el emblemático estadio, escuchando el testimonio de dos jóvenes que fueron voluntarios durante dichos Juegos Olímpicos. Fue emotivo compartir sus vivencias y sus opiniones sobre cómo la ciudad fue cambiando para convertirse en un lugar más habitable, acogedor y humano aprovechando ese escaparate internacional en que se convirtieron la ciudad y sus habitantes. A continuación nos trasladamos a Xián, antigua capital de la dinastía Tang, que conserva lugares históricos significativos que permiten conocer la historia antigua en clave de convivencia pacífica, de inclusión de razas, religiones y de florecimiento cultural. Como todos sabemos, la cultura china es milenaria, de una riqueza impresionante y con una historia muy larga. Para las personas que no la conocían ha sido un gran descubrimiento. Pero incluso para los que la conocían un poco, visitar esta ciudad tan antigua ha sido redescubrir claves interpretativas de la historia que nunca antes se habían planteado. Quizás porque, desde pequeños, conocemos los grandes acontecimientos históricos sólo a través de los libros o porque escuchamos una versión única de los mismos. El bosque de Estelas, por ejemplo, es una buena ilustración de la rica sabiduría de los antepasados de esta cultura. Como los libros eran fáciles presas del fuego, de las inclemencias del tiempo y las guerras, y dado el gran aprecio que las personas del pasado tenían por la cultura y el estudio, construyeron, durante la dianstía Song del Norte (1078 d.C) esta gran biblioteca de libros grabados en grandes estelas o piedras lisas enormes. Encontraron esta solución para conservar los libros y escritos más importantes y considerados sagrados. Fue una idea genial pues, de hecho, nosotros, los actuales existentes y toda nuestra cultura, somos fruto y resultado de todo este bagaje histórico-cultural. Buscar fórmulas de conservacción y protección es un deber de agradecimiento y reconocimiento. Posteriormente, nos trasladamos a otra ciudad significativa del norte; en total, hicimos unos 2000km en tren. Pero lo que me gustaría destacar no son los diversos lugares visitados o las charlas que escuchamos sobre los diferentes aspectos de paz positiva que tienen el Taoísmo, el Confucianismo y el Budismo, sino la diversidad de personas que participamos. Para más de la mitad de ellas, esta Ruta les ha permitido, por primera vez, hacer turismo. Hay que decir que, en China, este concepto es relativamente nuevo. Aunque empieza a haber un cierto turismo, es mayoritariamente de masas y está organizado por agencias que no ofrecen muchas opciones para viajar de forma alternativa a los grandes circuitos ya marcados. Para otras personas, aunque no era la primera vez, si que suponía una novedad el hacerlo en clave de paz. Es evidente, como fuimos descubriendo a lo largo de la Ruta, que el conocimiento de la historia teniendo como referencia acontecimientos y personajes históricos que han realizado aportaciones positivas a la convivencia social, nos da referentes útiles para resolver, de forma pacífica, conflictos que se dan en la actualidad de cualquier país. Otro elemento interesante del viaje fue el hecho de que éramos personas de dos culturas muy diferentes: la china y la española, por tanto, en nuestra convivencia fue importante el papel de varias personas que hicieron de puente cultural a la hora de explicar y comentar los acontecimientos que íbamos viviendo así como los lugares, sus costumbres y su gente. En esta convivencia intercultural, igualmente destacable fue el hecho de darnos a conocer mutuamente con lenguajes universales como la danza o el juego, todo ellos con dosis de mucha creatividad, buena voluntad y utilizando formas flexibles de relación para que todos participáramos disfrutando. También habría que destacar el hecho de que participaron personas de diferentes generaciones: había personas mayores, jóvenes y algunos pequeños. Esta convivencia generacional nos ha enriquecido mucho pues todos aportaron lo propio de sus edades y situaciones. Como normalmente las personas mayores no se desplazan mucho, las que participaron, agradecieron esta oportunidad ya que, de otra manera, no hubieran disfrutado del ambiente que entre todos íbamos creando, ni hubieran visitado ni conocido estos lugares tan históricos que conocen sólo de oídas o de haberlos visto en televisión. Por último, también habría que destacar el hecho de que ha sido una Ruta muy participativa pues han colaborado muchos de los participantes en su organización aportando sugerencias, ideas y recursos. Las ganas de  conocer, disfrutar y la actitud positiva que todos pusieron a lo largo del viaje han sido fundamentales para que, entre todos, fuéramos creando ambientes adecuados a lo largo de cada etapa del trayecto. Irene González (Profesora) China – Xian

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