“Sé el cambio que quieres ver”

Joan Ortiz i Serra.- El sabio hindú Paramahansa Yogananda rezaba: “transfórmate a ti mismo y habrás cumplido con la parte que te corresponde para ayudar a transformar el mundo. Todo ser humano debe realizar un cambio en su vida si desea vivir en un mundo pacífico, y éste no alcanzará la paz a menos que tú mismo comiences a empeñarte en establecerla”.

Tal vez sea en este difícil pero cercano desafío donde se encuentre la llave que nos ayude a cambiar el progreso del planeta. Y es que el proverbio de pensar globalmente actuando localmente transforma la quimera en una posibilidad; pues una transformación del mundo nos parece inalcanzable pero una transformación personal debería sernos algo más asequible.

La violencia estructural impuesta por el sistema nos empuja a vivir en la más absoluta sensación de separatividad. Escondiendo los lazos que nos conectan entre seres de ambos lados del mundo y con quienes, ciegamente, compartimos el impacto de las acciones que realizamos.

Hablamos de justicia, de derechos humanos, de libertad o de democracia cuando nos juntamos en eventos relacionados con la Paz. Dedicamos tiempo a hablar de los grandes valores de la humanidad e incluso alardeamos de la necesidad de trabajar a su favor. Sin embargo, pocas veces miramos hacia adentro de cada uno de nosotros para preguntarnos de qué forma contribuimos, con nuestros pensamientos, palabras y acciones diarias a que tales reclamos se conviertan en realidad. A fin de cuentas, quizás el estado del mundo refleje lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.

Vale la pena que todo constructor de Paz sea crítico, primeramente, consigo mismo. Que detecte las expresiones de su ego a lo largo del día y cómo las proyecta hacia su entorno. Pero también que se de cuenta que posiblemente, sus patrones de error e ignorancia son una pequeña pero significativa parte de los ingredientes que conforman ese mundo a mejorar.

Es importante que todo constructor de Paz se acoja a un camino de introspección, reflexión y meditación. Un sendero que más allá del cultivo intelectual y emocional, le permita ver la forma en que su persona incide en el entorno más inmediato y más lejano.

Llevamos meses diciendo que las dificultades que atravesamos se deben a una evidente crisis de valores.

En una sociedad en la que el materialismo ha sido elevado a la altura de divinidad, donde constantemente se potencia lo aparente y lo superfluo, la tarea para la construcción de un mundo mejor resulta todavía más ardua. Viajamos a contracorriente. Contra un sistema de valores profundamente arraigado en las mentes de la masa que de crítica ha pasado a consumista. Donde la mentalidad individualista ha sido fuertemente incentivada. Donde las relaciones humanas se han puesto bajo el parámetro de lo medible. Por este motivo, se hace todavía más necesario que el constructor de Paz se trabaje a sí mismo y comience a actuar en base a los logros que su conciencia le dicta a medida que se va desarrollando. Solamente así se convertirá en una figura de coherencia entre lo que dice cuando habla de Paz y lo que hace en su vida cotidiana.

En la primera sesión presencial del Postgrado sobre Cultura de Paz que organiza la Fundación Carta de la Paz junto con la Universidad de Barcelona, celebrada el viernes 18 de enero, el profesor Francesc Torralba, director del curso, reflexionó acerca de ese binomio casi olvidado al que llamamos Paz Interior y Paz Exterior. Un tema muy apropiado que quisiera recuperar en el presente artículo el día, hoy 30 de enero, en que se cumplen 65 años de la muerte Gandhi.

El Mahatma, que fue iniciado en la ciencia del Kriya Yoga por Paramahansa Yogananda, autor citado al principio del presente artículo, fue un incansable estudiante espiritual que llevó hasta las últimas consecuencias los dictámenes de su conciencia, aunque le implicara ir contra la ley y le valiera la prisión.

A lo largo de su vida combinó la lucha política por la Paz y la Libertad con la meditación. Posiblemente sea él uno de los mejores ejemplos de lo que necesitamos, más que nunca, si queremos vivir en un planeta mejor. Por eso, toma relevancia, hoy, el rezo que dejó para la posteridad: “sé tu mismo el cambio que quieres ver en el mundo”.

 

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