Soledad: ser o estar

No es una soledad accidental o fortuita, es sistemática, la genera el modelo social, económico y político donde habitamos, que está basado en la ambición, el egoísmo y la competencia. El jueves 30 de octubre en Centro Cuesta del Libro, poco más de 50 personas disfrutamos un intenso coloquio acerca de la experiencia de la soledad en varias dimensiones. La soledad patológica, la soledad creativa y la soledad trascendente. Los expositores fueron el psiquiatra José Miguel Gómez, el maestro Rafael Solano y la antropóloga Ana María Ollé. Por la intensidad del diálogo y la atención de los concurrentes estoy convencido de que es una cuestión de mucha inquietud y actualidad. Hoy como nunca los seres humanos estamos más cerca uno de otros y en mayor cantidad que nunca antes en toda nuestra historia. Veinte mil años atrás la inmensa mayoría de los seres humanos que existían vivieron su existencia completa sin conocer otras personas que el minúsculo grupo de su manada que raramente pasaría de dos decenas. Hoy nos aglomeramos en ciudades de millones de habitantes y la Internet nos coloca en contacto con casi cualquier persona en todo el planeta… ¡pero vivimos solos! No es una soledad accidental o fortuita, es sistemática, la genera el modelo social, económico y político donde habitamos, que está basado en la ambición, el egoísmo y la competencia. Es un modelo construido, no es natural como muchos pretenden. Está diseñada esta sociedad para que cada individuo se aísle de los demás y sea una entidad productora y consumidora, que valore todo en función de su medida monetaria y en los demás vea sujetos para venderles algo o explotar su fuerza de trabajo. Por tanto, nuestra sociedad –la llamada sociedad moderna o sociedad burguesa- es la que constantemente enferma el alma de las personas. Frente a dicha patología la cura -¡cosa curiosa!- demanda la soledad, pero no la soledad patológica. Necesitamos la soledad rica y creativa que es fruto de la plenitud de lo humano, que nos recoge del ruido social y nos capacita para volver a los otros de manera armoniosa. Soledad que nos permite discernir nuestras opciones y sustraernos a la guía que la propaganda comercial o los eslóganes políticos nos imponen. Cultivar la soledad y el silencio es potenciar lo humano en cada uno de nosotros y es el acto más sensato para comenzar a quebrar el ordenamiento de la soledad patológica. Estar en soledad creativa es el mejor antídoto para curar la soledad como existencia enfermiza.   David Álvarez (Doctor en Filosofía) R. Dominicana – Santo Domingo

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