Un camino hacia la “democracia en libertad”

Dicen algunos estudios que tras la caída del muro de Berlín y con la globalización  no se concibe el desarrollo social sin una acción conjunta de la trilogía: Estado, mercado y sociedad civil y/o iniciativas privadas sin fines de lucro. Este último sector se gestó como tal en la segunda mitad del siglo XX y progresó exponencialmente en el último cuarto del siglo pasado. Sin duda ha tenido un protagonismo cada vez mayor en la organización interna de los países y en la  generación de opinión dentro de la sociedad.

Según palabras del investigador Lester Salaman, cinco fueron los factores que contribuyeron a desarrollar y consolidar el tercer sector en EEUU: históricos, las debilidades de los mercados, las limitaciones de los gobiernos, los espacios de pluralismo y libertad que este sector garantiza, y la respuesta a la necesidad de solidaridad de los ciudadanos. Asimismo, asigna algunos rasgos definitorios del accionar de las organizaciones o instituciones sin fines de lucro que viene a colación enumerar: su condición de privada, la formalización, la no distribución del lucro entre sus miembros, el autogobierno, la participación voluntaria y el beneficio público.

Sandoval en un seminario realizado en 1986 nos dice: “El fin último de propiciar, estimular, promover y dinamizar un tercer sector en América Latina y el Caribe es conseguir el desarrollo de los pueblos. El fomento del tercer sector significa la existencia de un poder paralelo -al estatal y al privado tradicional- que tenga posibilidad de competencia y sea conformado y conducido por organizaciones populares, propiciando una sociedad participativa. La premisa fundamental para el desarrollo del tercer sector es la libertad en el sistema político”. [1]

Si vamos a los orígenes históricos de lo que actualmente es el tercer sector observamos un accionar solidario que surge desde la libertad de cada persona que, sintiéndose parte de un colectivo o comunidad da de sí sin esperar nada a cambio por la consecución de un beneficio mayor y común. Según algunos historiadores, si nos remontamos a la época precolombina ya encontramos algunas manifestaciones filantrópicas en los aztecas, mayas e incas: las “sociedades señoriales”; asimismo nos encontramos con algunas organizaciones comunitarias y solidarias ancestrales: “el sistema de reciprocidad” en San Pedro de Atacama dentro del Ayllu; “las mingas”, que son trabajos recíprocos al interior de la comunidad en Chiloé, etc.

En el año 2004 fue presentado al gobierno de Chile un proyecto de ley sobre participación ciudadana, fundamentada en la libertad de asociación y en el principio participativo. Dentro de su justificación se destaca  que “las asociaciones permiten a los individuos reconocerse en sus convicciones, perseguir activamente sus ideales, cumplir tareas socialmente útiles, encontrar un lugar común en la sociedad, hacerse oír, ejercer alguna influencia y provocar cambios”. También que “la existencia de una sociedad civil fuerte y provista de legitimidad, es un objetivo política y socialmente deseable” y que “el incremento de la participación ciudadana en los asuntos públicos constituye un elemento clave de un ejercicio eficiente y prudente del poder político.” [2]

Ciertamente la participación de la sociedad civil y de las instituciones sin fines de lucro provoca cambios sociales, legales, culturales, de pensamiento y de formas de actuar. A modo de ejemplo podemos nombrar a COANIQUEM (Corporación de Ayuda al Niño Quemado) que promovió, en Chile, la ley que prohíbe el uso de fuegos artificiales de uso doméstico, lo que ha representado un verdadero cambio cultural en la sociedad. Otro ejemplo para reflexionar es la inminente creación de la Red de Pedagogos de Hospital en Venezuela, acción en la que se ha mostrado cómo desde la sociedad civil es posible trabajar juntos y promover acciones a favor del bien de común, a pesar de tener opciones políticas radicalmente opuestas.

Esperamos que la participación ciudadana, el trabajo de diferentes organizaciones y la cohesión y redes de instituciones, sea un ejercicio de entrenamiento que promueva un salto cualitativo de las democracias. Para que éstas no sean la dictadura de las mayorías sino que logremos vivir en una sociedad en que no sólo podamos pensar, expresarnos y agruparnos libremente, respetando la dignidad y los derechos de los demás, sino que cada persona pueda vivir de acuerdo a su conciencia, tal como dice el punto X de la Carta de la Paz que sugiere empezar a reflexionar y encarnar la “Democracia en Libertad “.

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[1] M. Jiménez. “El contexto chileno de las OSFL. La asociación de los Privados.” PUC de Chile. 2005
[2] Mensaje de S.E. el Presidente de la República de Chile con el que se inicia un Proyecto de Ley sobre Asociaciones y Participación ciudadana en la Gestión Pública. Mensaje N¼ 48-351. Santiago 4 Junio 2004. www.chilevoluntario.cl/temas/ley.html

Maria Bori Soucheiron (Maestra)
Santiago – Chile

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