Un nuevo pedido de perdón

El primer ministro de Reino Unido, David Cameron, se disculpó por el asesinato de 13 manifestantes por parte de tropas británicas en Irlanda del Norte en 1972, en un día conocido como el “Domingo Sangriento”, después de que se publicara un esperado informe que dijo que los muertos iban desarmados.
[Extraído de http://es.reuters.com/article/topNews/idESMAE65E14H20100615; 15-6-2010]

En los últimos tres meses hemos asistido a diferentes pedidos de perdón realizados por diversos gobiernos.

En marzo último Mauricio Funes, como máximo representante del Estado salvadoreño, pidió perdón  por el magnicidio perpetrado hace 30 años contra Mons. Oscar Romero, Arzobispo de El Salvador. Y agregó que “estos actos públicos para pedir perdón buscan llevar consuelo y confianza a los ciudadanos de hoy para que puedan construir un futuro en paz, y aspira también a que los resentimientos desaparezcan del corazón de los salvadoreños que siempre se han caracterizado por su alegría, dedicación en el trabajo y cordialidad.

Luego se conoció la decisión del Parlamento serbio donde los diputados pidieron perdón a las víctimas de la matanza de Srebrenika por no haber hecho más por evitar la muerte de 8000 varones musulmanes a manos de las tropas serbobosnias de Ratko Mladic, en julio de 1995.

En los últimos días se conoció también la declaración del Primer Ministro británico, David Cameron, quien admitió ante la Cámara de los Comunes que la famosa matanza conocida como el Domingo Sangriento del 30 de enero de 1972 en Irlanda del Norte “ni estaba justificada ni es justificable” y se ha declarado “profundamente consternado” por lo que hizo aquel día el Ejército británico.

“No podemos defender al Ejército británico defendiendo lo indefendible. No tiene sentido intentar suavizar o presentar con ambigüedad lo que dice el informe. Está claro por las autorizadas conclusiones del Tribunal que los acontecimientos del Domingo Sangriento no estaban bajo ningún aspecto justificadas”, ha añadido. Y sigue. “Algunos miembros de las Fuerzas Armadas actuaron mal. El Gobierno es el responsable último de las Fuerzas Armadas. Y por eso, en nombre del Gobierno -y desde luego en nombre del país- estoy profundamente consternado”, ha concluido el primer ministro británico.

¿Qué ocurre en algunos políticos que lentamente van asumiendo en nombre de sus gobiernos hechos históricos absolutamente criticables, pero que luego de unos años reconocen como errores y piden disculpas? ¡Cuánta tranquilidad transmiten estos pedidos de perdón, o de aceptación de culpas! Es cierto que la historia no puede volverse atrás. Los muertos ya están muertos. Sea el Arzobispo de El Salvador Mons. Romero, los 8000 musulmanes de Srebrenika, o los 14 manifestantes asesinados en Irlanda del Norte. Sus familias les han llorado. Les seguirán llorando. Quién sabe si algún día podrán calmar su dolor.

“Los representantes actuales de las instituciones que han perdurado en la Historia, no son responsables de lo sucedido en el pasado, pues ellos no existían. Sin embargo, para favorecer la paz, esos representantes han de lamentar públicamente, cuando sea prudente, los males e injusticias que se cometieron por parte de esas instituciones a lo largo de la Historia. Así mismo, han de resarcir en lo posible, institucionalmente, los daños ocasionados”.

Ni Funes en El Salvador, ni los diputados serbios, ni David Cameron son directamente responsables de esos hechos. Sin embargo hoy representan un poder y tienen una obligación ética ante sus ciudadanos de lamentar esos hechos históricos y construir a partir de ello nuevas relaciones, nuevos diálogos. Incluso puede ocurrir que familiares de las víctimas hoy puedan entenderlo.

Este es un camino para lograr la paz. Habrá otros, seguramente, pero quizás estas declaraciones públicas de los gobiernos sirvan de ejemplo para que muchos otros gobernantes, aunque no responsables directos de crímenes aberrantes que pudieran haber ocurrido en el pasado, puedan –en nombre de sus gobiernos- pedir perdón. Así se podrá favorecer la consolidación de una verdadera cultura de paz.
Alfredo Fernández (Periodista)
España – Barcelona

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