Una historia objetiva

La Historia siempre será un tema polémico. Aunque no hayamos estado en el pasado para confirmar las cosas que han ocurrido, podemos acercarnos a través de documentos (libros, fotografías, diarios, etc.) o a través de la tradición oral. Pero toda esta información del pasado que hoy nos llega puede ser interpretada de diversas maneras, porque en esta interpretación interviene el presente. Tal como dice el psicólogo social Félix Vázquez (2001)1: “El pasado habita en el presente (…) cuando construimos el pasado mediante nuestros discursos y nuestras relaciones, nuestra memoria y nuestros olvidos, porque lo construimos según nuestros intereses presentes”. La Carta de la Paz, en el punto IV, cita la importancia de conocer la Historia que nos precede. “Es fructuoso conocer la Historia tanto como sea posible”, y nos recuerda que “no podemos hacerla volver atrás” ni cambiarla. Tenemos que aceptarla como fue, sin que esta aceptación nos impida reconocer los daños que ocurrieron. Todavía más: este punto también nos hace ver que si la Historia hubiera sido diferente -mejor o peor-, ninguna de las personas que hoy existimos existiríamos.

Ahora bien, si leemos la Historia desde nuestro presente resulta muy difícil manipularla y ajustarla a nuestros intereses. ¡Cuántas veces hemos usado la Historia como un arma para formar ejércitos e iniciar guerras! La enseñanza de la Historia es una de las mejores vías para transmitir resentimientos de generación en generación. Es en este punto en el que surgen diversos interrogantes. ¿De qué manera podemos acercarnos a la Historia para conocerla en profundidad, pero sin perpetuar con ella absurdos resentimientos? ¿Hay maneras más objetivas que otras para conocer la Historia? ¿Podemos hablar de una Historia que nos ayude a construir la paz en vez de perpetuar la guerra?

A menudo, ante estos interrogantes tendemos a pensar erróneamente que la Historia que contribuye a la construcción de la paz es aquélla que sólo reconoce los hechos positivos que tuvieron lugar en el pasado o las consecuencias positivas de aquellos hechos. Por ejemplo, si pensamos en un hecho del pasado como es la colonización de América por parte de España en el siglo XV, nos encontramos con posturas que insisten que para construir la paz sólo podemos hablar de las cosas positivas que supuso aquel hecho, como el encuentro entre culturas, el intercambio de productos, el comercio, etc. Sin embargo, ¿qué pasa con los hechos negativos sucedidos después de estos hechos? ¿Los ocultamos? ¿Los olvidamos? Sin ningún tipo de duda esta manera de ver la Historia no construye la paz porque niega una parte de los hechos y no permite que el presente conozcamos nuestro pasado, seamos capaces de observar la Historia críticamente y contribuyamos a evitar que aquellos daños vuelvan a pasar.

Una Historia que no transmite resentimientos es aquélla que reconoce todos los hechos del pasado, tanto los positivos como los negativos, y sus respectivas consecuencias, y es capaz de llamarlos como aquello que son: hechos pasados.

No resulta conveniente, si queremos construir la paz, hablar de los hechos históricos como si nosotros, los contemporáneos, hubiéramos formado parte de ellos. Por lo tanto, resulta igualmente inútil culpabilizarnos de los acontecimientos que han tenido lugar a lo largo de la Historia como adjudicarnos la gloria de nuestros antepasados, porque con estas actitudes estamos contribuyendo a la transmisión de resentimientos. Si recuperamos el ejemplo anterior, podemos constatar que resulta un tropiezo para la paz, tanto el americano que dice al español: “vosotros nos colonizasteis”, como el español que dice al americano: “gracias a nosotros se conocieron las dos culturas”. Y no es en absoluto que ninguna de las dos cosas hayan sucedido o que no se puedan constatar en documentos históricos, el problema es hablar en presente (“nosotros”) de hechos pasados.

Por lo tanto, hablar de una Historia más objetiva y que contribuya a la paz desde el marco de la Carta de la Paz no implica negar que la información que hoy conocemos del pasado está atravesada por nuestra visión del presente y por nuestra subjetividad. No se trata de una Historia absolutamente fidedigna y pura. Es imposible que una Historia así exista, si tenemos en cuenta que quienes la escriben son seres humanos. Una Historia más objetiva es aquélla que presenta todos los hechos, los sitúa en un tiempo y en un contexto, y al mismo tiempo presenta a los protagonistas de aquellos acontecimientos y no a “nosotros”, que no estuvimos presentes. En conclusión: una Historia que no es utilizada y manipulada para generar odios en el presente es aquella que verdaderamente nos permite construir la paz.

España – Barcelona

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