Una paz vivida como una forma de ser

Para construir una cultura de paz, donde se trabaje por paliar la violencia estructural –es decir, contra demostraciones sociales tales como la pobreza, la exclusión, la marginación, la injusticia o la desigualdad- y también la violencia física, se requiere un trabajo lento y arduo, diario. No basta con la voluntad de detener una guerra o con un gesto puntual de solidaridad. La Carta de la Paz dirigida a la ONU señala, en su introducción, que “No es fácil la tarea de buscar soluciones adecuadas para alcanzarla” (la paz): es un documento realista e indica que la dificultad de lograr la paz, ya que se requiere esfuerzo y trabajo, a la vez que es una tarea de todos.
La paz se construye en todos los ámbitos y en todos los niveles relacionales de las personas: el propio yo, la pareja, la familia, los amigos, los meros conocidos, la sociedad en general, etc. Si no hay paz en alguno de los niveles más próximos de cada persona difícilmente se podrá alcanzar la paz en un nivel más global. Y, al contrario, si la paz y los valores ligados a ella están presentes y se trabajan en cada uno de estos niveles, la paz global será más fácilmente alcanzable. La Historia de la Paz está formada por la historia de las familias, de los pueblos, de las naciones,… es una Historia hecha de diferentes historias.

Consecuentemente, para construir entre todos una sociedad más pacífica, se debería trabajar por la educación por la paz o en una cultura de la paz, donde los valores que permitirán construirla estén presentes en la base de las personas, constituyendo su forma de ser. La paz debería vivirse como una rutina, ya que al estar presente en lo más profundo de las personas –su forma de pensar, de hacer, de ser- estará presente en todos sus niveles y actuaciones. Es un estadio deseable y no sólo un hito concreto que, una vez logrado, implique la desaparición de la voluntad de trabajar por él; la paz tiene que estar presente día a día, trabajándola cotidianamente y en todos los ámbitos.

Por último, el hecho de que la paz tenga que vivirse como una forma de ser no es banal, ya que la forma de ser de las personas engloba la manera de pensar, la manera de hacer, y todas sus expresiones. En definitiva, si tenemos bien arraigada en nuestra forma de ser la importancia de trabajar por la construcción de la paz, a través de la educación en valores, nuestros actos y pensamientos diarios contribuirán a una sociedad más en paz.

Eulàlia Bori Ribas (Economista)
España – Barcelona

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