Víctimas y victimarios

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Artículo de David Álvarez, decano de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) de Santo Domingo, en República Dominicana

El cese del conflicto, que no es precisamente la paz, obliga a reconocer las consecuencias de la violencia. Nunca la violencia es aséptica, genera victimas y constituye victimarios. La paz se construye -entre otros varios elementos- asumiendo la totalidad de las consecuencias y responsabilidades que produjo el conflicto, ya que se trata de un hecho presente  y no un acontecimiento desligado de la acción de la generación presente. Cuando la Carta de la Paz afirma, con toda la razón, que no somos responsables de lo acontecido en el pasado, y específicamente con el pasado que no involucra a los actores existentes, invita a una reconciliación con los hechos ocurridos, sin negar los agravios, pero no convirtiéndolos en armas presentes contra hombre y mujeres ajenos a dichos hechos. Pero cuando el conflicto es actual y se busca la paz, no es posible negar el dolor de las víctimas y sus familiares, y la responsabilidad de quienes ejercieron la violencia contra sus prójimos, sin importar motivos políticos, sociales o ideológicos.

La guerra -llamémosla por su nombre- no es un hecho adjunto a otros de una posible cotidianidad regular, de una moralidad humanamente aceptable. Levinas lo afirma con lucidez al indicar que “El estado de guerra suspende la moral; despoja a las instituciones y obligaciones eternas de su eternidad y, por ·lo tanto, anula, en lo provisorio, los imperativos incondicionales. Proyecta su sombra por anticipado sobre los actos de los hombres. La guerra no se sitúa solamente como la más grande entre las pruebas que vive la moral. La convierte en irrisoria”. Por tanto, terminar con la guerra, en sí mismo, sin pretender construir la paz, ya es un hecho titánico, no sólo en las crónicas de un pueblo, si no en la substancialidad misma de los individuos y su ser social. Pero la paz demanda mucho más que el cese de los disparos. La guerra, tal como indiqué al inicio, constituye a unos en víctimas y otros en victimarios, los cuales en tanto cuales, siguen referidos al hecho de la violencia y ameritan ser redimidos de esa condición, si aspiramos a la paz.

La violencia “no consiste tanto en herir y aniquilar como en interrumpir la continuidad de las personas, en hacerles desempeñar papeles en los que ya no se encuentran, en hacerles traicionar, no solo compromisos, si no su propia sustancia; en la obligación de llevar a cabo actos que destruirán toda posibilidad de acto. Como en la guerra moderna, en toda guerra las armas se vuelven contra quien las detenta. Es imposible alejarse del orden que ella instaura.” Una victoria militar o su enmascaramiento en conflicto político, es una prolongación de la violencia misma y la imposibilidad de la paz. “La paz de los imperios salidos de la guerra se funda en la guerra. No devuelve a los seres alienados su identidad perdida. Para ello es necesario una relación original y originaria con el ser.” El cese de la violencia, en su sentido más honesto, y no como farsa, es un paso que ha de conmover todo el orden social y la vida de los individuos, ya que debe redefinir a todos los involucrados y obliga a crear nuevas estructuras para que la paz florezca.

¿Cómo cambian victimas, victimarios y la sociedad camino de la paz?

Toda víctima, sin importar si participó directamente en el conflicto o recibió su daño ajeno a la participación, merece ser reconocido y en la medida de lo posible compensado por el daño recibido. Y víctima es todo el que murió, fue herido, desplazado, violado, aterrorizado, perseguido o económicamente dañado debido al conflicto. No existen víctimas más destacadas que otras, y ni siquiera la acción del Estado se legitima si dañó a otros. En torno a la víctima comienza la paz verdadera, en el presente y hacia el pasado. Son las victimas y su efectiva redención personal y social el mejor calibrador del desarrollo de la paz y la extinción de todo efecto perverso de la guerra. Olvidarnos de las víctimas es un acto de tanta violencia como la acción que les convirtió en tal y prolonga la guerra, aunque no se escuchen los disparos.

Todo victimario, en la medida de las posibilidades reales, debe ser identificado, invitado a pedir perdón por el daño infligido y purgar la pena que el orden legal le impone. Juicios justos y razonables son demandados en búsqueda de la paz. Muchos conflictos fueron cerrados con impunidades que siguen gravitando sobre las sociedades que lo padecieron, es una continuación de la violencia en el tiempo. Lamentablemente quienes tienen más poder buscan en acuerdos de cese de la violencia la impunidad como mecanismo de negociación. El victimario arrepentido y penalizado por su ofensa es necesario para que la paz se siembre en la sociedad.

La paz no es el cese del conflicto, si no la construcción de un modelo social donde la solidaridad y el reconocimiento de la igualdad existencial no genere más víctimas y victimarios, pero esa paz no es posible construirla si no se reconoce adecuadamente a quienes padecieron la violencia y quienes la ejercieron contra sus semejantes. Es precisamente ese hecho de reconocimiento que invalida las acciones violentas anteriores y extirpa su posible repetición en el tiempo. Participando en ese proceso de reconocimiento la sociedad en su conjunto.

La paz por tanto es un hecho democrático, que va más allá de los grupos y actores, incluso que el Estado, en la violencia padecida. Organizado en grupos y expresándose de manera directa, toda la sociedad debe validar los procesos del cese de la violencia y marcar las pautas para la reconciliación. Si la violencia fue un hecho que afectó a la sociedad, su cese debe ser socialmente validado y únicamente de esa forma es posible poder construir la paz. Democracia y paz están indisolublemente ligados, ya que la verdadera democracia es la experiencia de la paz políticamente hablando. No es posible la paz si una auténtica democracia.

La violencia es expresión directa de la falta de democracia y el uso de la fuerza para imponer proyectos políticos o ideológicos sin el consentimiento de la sociedad en su conjunto. Procurar la paz es el reconocimiento que toda la sociedad es depositaria de la voluntad para encauzar propuestas determinadas en el orden político, social o económico, siempre reconociendo la dignidad de todo ser humano. El legado histórico que arrastramos en la mayoría de nuestras sociedades, donde la violencia de grupos o del Estado han impuesto su voluntad es el síntoma inequívoco de la ausencia de la democracia y la negación de que la sociedad es la única soberana. Por tanto la democracia es el camino de la paz, desde el cese de la violencia, pasando por el reconocimiento de las víctimas y victimarios, hasta la construcción de nuevas estructuras -así lo reconoce la Carta de la Paz- que impidan el uso de la violencia como mecanismo de control social.

La democracia no es únicamente un hecho político, es además una estructura económica que garantice la equidad para todos y un ordenamiento social que promueva la dignidad de toda persona, sin importar sus condiciones particulares. Desde la auténtica democracia se construye la paz como forma de vida plena para todos los habitantes de una sociedad. No existe felicidad personal, sin la realización de la democracia en el orden social.

Otro factor clave de la paz es la educación, de extensión universal, para forjar en cada individuo las capacidades que le permitan aportar a la sociedad y recibir el fruto de su trabajo, y además cultivar la tolerancia y sentido de sociabilidad ciudadana, lo que muchos autores llaman la “amistad ciudadana”. Es ese sentido amical hacia todos sus semejantes lo que forjará nuevas generaciones dispuestas a conservar y ampliar la democracia y participar activamente en la solución de los conflictos que puedan surgir. Educar para la productividad y para la ciudadanía son dos aspectos integrados en todo modelo educativo que realmente busque construir la paz en cualquier sociedad.

 Una apuesta por el diálogo

Por último quisiera destacar un aspecto complementario a todo lo expuesto y es la capacitación para el diálogo, que está en la base del modelo educativo propuesto y que debe permear todo modelo democrático. Dialogar no es algo genético, es una competencia que se enseña y se socializa en el proceso vital de toda persona. Desde el hogar hasta el Estado, los procesos de diálogo deben ser los mecanismos que medien las relaciones entre todos los seres humanos. Un diálogo en que nos reconocemos iguales y con derecho a expresar nuestras ideas y propuestas, a la vez que somos capaces de escuchar y entender las ideas y propuestas de los otros. Diálogo que extirpa todo acto de violencia porque no se busca imponer, si no proponer, no se procura obligar, si no convencer. Diálogo con el otro -y sigo el derrotero de Levinas-  porque no hay posibilidad de fundar un nuevo orden que supere el orden de la guerra, si no es en relación a la alteridad. De igual manera que la guerra surge para aniquilar al otro en cuanto otro, la paz surge cuando nos abrimos al otro, en su radical alteridad y contrario a Caín, nos convertimos en cuidadores del otro, especialmente de aquellos más vulnerables en la sociedad.

 

4 Responses to Víctimas y victimarios

  1. Gloria Ines Rodriguez

    Muy oportunas las distinciones tan claras que presenta el autor de este articulo -ilumina la realidad de Colombia- que, en estos momentos discute sobre las victimas y los victimarios, en el Proceso de Paz que adelanta el gobierno con grupos que han recrudecido la violencia por mas de sesenta decadas de conflicto interno.

    Creo que hace un aporte valioso en la apuesta de vivir juntos apostandole al dialogo, SABER LA VERDAD es parte fundamental para que haya una paz sostenible y darle a cada cual su dignidad.

    Pone el dedo en la llaga, en el sentido en que los Estados Democraticos han de favorecer la escucha, el dialogo, los consensos y los acuerdos, nunca los radicalismos. Los procesos educativos en la escuela de padres y alumnos, tienen una funcion primoldial de ensenar a comunicar desde la escucha, el contacto corporal que expresa todo.
    La palabra, el afecto, la gestion de las emociones y el reconocimiento del otro como diferente, diverso y la realidad plural que complemeta y desarrolla armonicamente a todos y cada uno de los ciudadanos y el privilegiar la etica del cuidado, antes que una moralidad distorsionada.

  2. Pingback: TRANSCEND MEDIA SERVICE » (Català-Catalán) Víctimes i Victimaris

  3. Muy bonito artículo, últimamente estaba pensando, en el conflicto vasco, sobre víctimas, victimarios… Gracias¡¡

  4. rusbel alfonso guette

    esta violencia ha traído muchas victimas y tan bien muchos escando los de parte de las entidades que integran ENRIV UNIDAD VICTIMAS con la nuevas estrategias que complemento la unidad de victimas con el decreto en vigencia 1084 y sus numerales es la entrad de las múltiples corruccion que vienen asiendo la unidad de victimas

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