“Yo confieso” de J.Cabré, sintónica con la Carta

La última novela del escritor catalán Jaume Cabré, Yo confieso (Ed. Proa, 2011), ya se ha convertido en un titulado destacado de la literatura europea. En el último año el volumen se ha vendido para ser traducido a casi diez idiomas. El mismo Cabré ha explicado el libro como “la vida de un erudito que va creciendo y reflexiona sobre lo que pasa en Europa y en el mundo occidental”.

Pero más allá de su calidad literaria en la obra Yo confieso  también encontramos diferentes pasajes sintónicos con la Carta de la Paz. Por ejemplo, en un momento uno de los personajes habla del “tesoro del existir” y asegura que si la historia hubiera sido distinta, si nuestros padres no se hubieran conocido, quizá nosotros no existiríamos.

“…Somos casualidades.

- ¿Qué?

-Era más fácil que no hubiéramos sido; en cambio somos. (…) Generaciones y generaciones de baile frenético de millones de espermatozoides persiguiendo óvulos, concepciones casuales, muertes, aniquilaciones…, y ahora tú y yo estamos aquí, el uno frente al otro, como si no hubiera podido ser de ninguna otra manera. Como si sólo hubiera existido la posibilidad de un único árbol genealógico.

-Bueno. Es lógico, ¿no?
-No. Es puta casualidad”.

Y, en otro pasaje,  el personaje de la novela aún insiste más en su argumentación que todos somos fruto de la casualidad, de un cúmulo de hechos acaecidos en la historia.

“Te has fijado en la puta casualidad que es la vida? De los millones de espermatozoides de mi padre, sólo uno fecunda el óvulo propicio. Que nacieras tú; que naciera yo: son casualidades inmensas. Podrían haber nacido millones de seres diferentes que no fuéramos ni tú ni yo. También es casualidad que a los dos nos guste Brahms. Que haya habido tantos muertos y tan pocos supervivientes en tu familia. Todo por casualidad. Si el itinerario de nuestros genes y después el de nuestras vidas se hubiera desviado por otra encrucijada, de los millones posibles, ni siquiera se habría podido escribir todo esto que a saber quién leerá. ¡Qué vértigo!”

Finalmente, en otro parágrafo se hace referencia claramente al punto I de la Carta de la Paz – “Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos”- justo cuando un personaje reprocha a otro las acciones protagonizadas por su padre.

“-… Tu familia…
-Qué.
-Tu padre… hizo cosas.
-Yo no soy mi padre. No tengo la culpa de ser su hijo.
-Me costó mucho entender eso”.

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